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sábado, 25 de abril de 2020

cuadragésimo segundo día del estado de alarma. la comunidad

 


Vivir en comunidad tiene sus pros y sus contras. Sociabilizas en momentos como este, sí, pero también tienes que soportarlos. Una comunidad de vecinos es una lotería con mala leche. Normalmente todo va bien... salvo cuando no lo va. todos sabemos que no hay nada más cainita e insufrible que una reunión de propietarios, en la que todo el mundo se arroga la potestad de imponer sus ideas porque son las mejores, y de paso, fastidiar al de al lado, o al de abajo. Pero no hace falta esperar a este ceremonial anual del desconcierto para que llegues a pensar que la única finalidad por la que han venido al mundo esos seres es para hacerte la vida imposible. Hoy me ha pasado. Hoy es sábado. Y el vecino de arriba se ha puesto a lijar la barandilla desde el punto de la mañana. Y tengo malos despertares.





viernes, 24 de abril de 2020

cuadragésimo primer día del estado de alarma. esto ya no es una cuarentena

 

Ya nos hemos pasado. Esto ya no es una cuarentena. Y aquí seguimos. La vida tiene que continuar, y lo hacemos desde nuestras casas, desde nuestros balcones, animándonos los unos a los otros. Apoyándonos los unos a los otros. Es lo más parecido a la sociabilización. Eso y las videollamadas. Somos seres sociales y, salvo excepciones, necesitamos de los otros para nuestro equilibrio (de la misma manera que también necesitamos estar con nosotros mismos). Ayer es lo que hicimos. E hicimos una celebración vertical, cada uno desde nuestra ventana. Porque si San Jorge venció al dragón, nosotros venceremos al bicho. Tardemos lo que tardemos.




jueves, 23 de abril de 2020

cuadragésimo día del estado de alarma. san jorge enmudecido



Tantos años matando al fiero dragón y es un minúsculo virus el que vence este año. Tanto que hasta San Jorge enmudece. El silencio de las imágenes, un día más, vienen a ser una metáfora de lo que no pasará hoy. De la no celebración. De la no fiesta. Del no día del libro. Del paseo Independencia desierto, de las calles vacías, con tan solo unas banderas en los balcones recordando que hoy, en casa, enmudecidos y confinados conmemoraremos como mejor podamos el día de Aragón.





miércoles, 22 de abril de 2020

trigésimo noveno día del estado de alarma. el silencio



El silencio de un vídeo mudo, en el que vemos los árboles azotados por el viento, pero no los oímos, vemos a lo lejos, por un lado, el monte de Valmadrid, por el otro, el de Alfajarín, en medio, un oasis dentro de la ciudad lleno de pájaros que tampoco los oímos. Hoy no oímos nada. Un confinamiento sonoro.



martes, 21 de abril de 2020

trigésimo octavo día del estado de alarma. sol, nubes y cierzo



Hay días que son un compendio de meteorología, que te asomas a la ventana y puedes ver el Sol, las nubes y el cierzo moviendo las copas de los árboles, todo a la vez. Lo llaman primavera. Ya llevamos un mes de primavera. Es eso que está pasando desde mi ventana en un día como hoy que me trae recuerdos de mi despertar a la vida, como despiertan perezosas esas flores fucsias del jardín. 


lunes, 20 de abril de 2020

trigésimo séptimo día del estado de alarma. una servidora



Una servidora, hoy lunes, 20 de abril, treinta y nieve años después de la canción de Serrat, y treinta de la de Celtas Cortos, proclama que las manzanas siguen sin oler, pero que vamos conociendo al vecino, y a los viejos no es que se les aparte, es que se nos van muriendo. El mar prosigue en su agonía de mierda y plástico y la Tierra ya no se conoce ni a ella misma en un mundo obsolescentemente programado donde ni salen las cuentas ni llegamos a ningún lado porque no vamos a ninguna parte. 

Ya ves, Joan Manuel, tampoco ha cambiado tanto. Solo vamos a peor. Por ahora.



domingo, 19 de abril de 2020

trigésimo sexto día del estado de alarma. lo de siempre y un poco más



Y un poco más. Otras dos semanas más. Por lo menos. Y otro domingo silencioso-silenciado. Y más grises. Y más verdes, y más pájaros. Y nada más.




sábado, 18 de abril de 2020

trigésimo quinto día del estado de alarma. descubrimientos fundamentales



Por un error de grabación no habéis conocido a nuestro agitador particular de los aplausos de las 8 de la tarde. Se podrán criticar más o menos estos aplausos pero una cosa es cierta, que genera sentimiento de comunidad, de unión. Somos animales sociales y necesitamos sentir que formamos parte de un grupo. Pueden ser más o menos homogéneos, de trabajo, de aficiones, de la infancia, políticos... En este momento de confinamiento, en el que tu mundo se reduce a tu familia, que me siento afortunada de tenerlos aquí conmigo, y a la presencia virtual de tus amigos y el resto de la familia, gran invento este de las nuevas tecnologías, el tener un mínimo contacto físico con tus vecinos, de balcón a balcón, para realizar una actividad común es un auténtico bálsamo social.

Son gente con la que solo me une una dirección con ciertas variaciones de número, escalera y piso, pero con los que me estoy relacionando más que en todos los años que llevo viviendo aquí, casi media vida, y con los que cuando pase todo esto puede que no vuelva a tener mucha relación. Aunque todo será distinto, y habrá cierta complicidad ganada a base de aplausos y olas. Y no sería así, si no fuera por ese agitador. Gracias por existir.





viernes, 17 de abril de 2020

trigésimo cuarto día del estado de alarma, deprisa, deprisa



Hoy el vídeo es más corto, tiene sabor a vuelta a la normalidad. Había quedado en la oficina y llegaba tarde. Es como si el mundo no se hubiera parado por completo hace más de un mes. Como salir del letargo. Hoy, parece que estuviera cerca del final, aunque sé que sigue yendo para largo. Hoy vuelvo a dar trabajo. 



jueves, 16 de abril de 2020

trigésimo tercer día del estado de alarma. y el sol, que no termina de salir



No termina de salir, pero debe de ser el único. Tras más de un mes de confinamiento y con la vuelta al trabajo de los sectores no esenciales, parece como si hubiera habido cierto relax y la gente estuviera saliendo más a la calle.

No termina de salir el Sol, parece que nos quiere dar la pauta, enseñarnos. Incluso desanimarnos al paseo primaveral que tan bien nos sentaría. 

No termina de salir, no, vendrán más primaveras.





miércoles, 15 de abril de 2020

trigésimo segundo día del estado de alarma. abstracciones en la acera



Aunque en la locución del vídeo parece que digo "segundo", ya son treinta y dos días confinados. Y ya queremos ver lo que podría ser y no es. Veo los dibujos que dejaron ayer sobre la acera los limpiadores, los esenciales, que pasaron con las mangueras y dejaron curiosas marcas ahí donde incidieron más que me incitan a imaginar curiosas abstracciones. Tal vez sea yo la que se está abstrayendo. Hoy están limpiando por otro lado. Algo de normalidad en esta locura global. Algo que me agarra a lo que era la vida antes de la pandemia, ese camión, que tanto fastidiaba cuando salías con el coche del garaje es hoy un atisbo de realidad.







martes, 14 de abril de 2020

trigésimo primer día del estado de alarma. un mes mirando



Un mes mirando la vida al ralentí. Un mes de contacto con la realidad a través de la ventana. Y me puedo sentir afortunada de tener una atalaya que me permite ver la vida, cómo renace, el paso del Sol y las fases de la Luna. También las nubes, la lluvia y los colores. Y los olores, pronto llegará el del alfalce recién segado y me trasladará no muy lejos de aquí, tan cerca que casi lo veo desde esa ventana. Pero tan lejos en el tiempo que ya no queda nada.





lunes, 13 de abril de 2020

trigésimo día del estado de alarma ¿pero esto qué es?



Noooooo!!!! ¡No quiero volver atrás! ¿En qué estaría pensando? Es lo que tiene grabar medio dormida, que no estás al 100%. Y pasa lo que pasa. Y pasa que después de treinta mañanas grabando, dices que es la tercera, como metida en un bucle infinito de encierro y confinamiento. No, por favor. Más no.



domingo, 12 de abril de 2020

vigésimo noveno día del estado de alarma. domingo de resurrección (y de resignación)



Hoy se supone que tenía que levantarse por segunda vez el estado de alarma. Y va a ser que no. Por segunda vez. Y no será la última. Seguimos confinados en nuestras casas, agazapados, resignados. Y una espléndida mañana como la de hoy, que invita al paseo, la bicicleta, el vermú torero o todo un poco, no vemos ni un alma por la calle. Yo, por mi parte, lo más que puedo hacer, es limpiar con las ventanas abiertas, para que ese Sol y los cantos de los pájaros se cuelen en mi casa, y tenga un remedo de sentimiento de libertad.






sábado, 11 de abril de 2020

vigésimo octavo día del estado de alarma. sábado de gloria (y de súper)



La primavera ha venido y este año sí que sé cómo ha sido. La he ido grabando las cuatro últimas semanas (y lo que me queda) y he visto (y compartido) cómo ha ido cambiando el paisaje desde mi ventana.

Hoy hay más movimiento, abren los súper, ¡guau! y vamos todos como locos a hacer cola en fila de a uno a dos metros de distancia de cualquiera, mirándonos de reojo, no vaya a ser que el de delante o la de detrás me tosa. Yo, por si acaso, sacará mi mascarilla a pasear.



viernes, 10 de abril de 2020

vigésimo séptimo día del estado de alarma. viernes santo



Viernes Santo o la soledad del alcalde. Anoche quise ver romper la hora en Híjar por streaming. No me salió muy bien, pero la imagen que me quedó grabada fue la del alcalde solo en el centro de la plaza porticada, en la misma donde hace años asistí en directo al mismo acto, agitando en solitario la vara a las doce en punto de la noche, para que se iniciara el sonido de tambores y bombos que impresiona al más pintado. Anoche, lo único impresionante fue su soledad, la del alcalde.



jueves, 9 de abril de 2020

vigésimo sexto día del estado de alarma. jueves santo



Jueves Santo luminoso en casa. Jueves de salir corriendo a disfrutar al campo, al monte, a la playa o al vermú. Nada, absolutamente nada de eso va a ser posible. Vamos a vivir una Semana Santa de las de antaño, de recogimiento. Una Semana Santa sin atascos, sin procesiones, sin tambores ni incienso. Con las cornetas de uno de mis vecinos que le ha dado por poner música sacra andaluza para dar ambiente. Pues no era necesario, que con el resistiré ya andamos plenos...





miércoles, 8 de abril de 2020

vigésimo quinto día del estrado de alarma. luces y sombras



Hay veces que mi ventana me ofrece unos espectáculos de luz y sonido maravillosos. Hoy ha sido una de ellas. Cuando he podido abrir los ojos, he visto una luz todavía tangencial arrancando a los chopos de incipientes hojas y a los perennes pinos unas sombras rabiosas, tal vez para compensar el paisaje plano de días anteriores. Sí, si aquellas mañanas me encontraba con una paleta de verdes sobre fondo gris, hoy el paisaje se ha salido del cuadro reivindicando sus tres dimensiones. 

Me siento afortunada de tener esta ventana.




martes, 7 de abril de 2020

vigésimo cuarto día del estado de alarma. si hoy es martes, esto no es bélgica



Voy perdiendo días como quien pierde las gafas. La semana pasada perdí un miércoles. El sábado, un día de confinamiento. Esta mañana he tenido que pensarme muy muy bien en qué día vivía. Y solo son veinticinco. Ahora entiendo a los presos que iban marcando con rayas en la pared los días que pasaban para no perder la cuenta. Para no volverse locos. Necesitamos saber en qué día vivimos cuando todos son iguales. El ritmo nos lo marcan los programas de la radio o de la tele. Estos días me he vuelto a enganchar a la radio, ese medio lleno de voces amigas que tanto me han acompañado en mis soledades. Si hoy es lunes toca concurso de microrrelatos, miércoles, cine, viernes, música, y así...





lunes, 6 de abril de 2020

vigésimo tercer día del estado de alarma. lo esencial



Todas las tardes, a las ocho, salgo a aplaudir. Bueno, a las 19:58. Somos muchos. Nos atormentan con el "Resistiré" pero me reconcilio con el vecindario cuando ponen el "Canto a la libertad".

Aplaudimos por los sanitarios, por las (y los) cajeras de los supermercados, por los policías, que pasan con sus sirenas aullando, por los esenciales. Esta mañana había uno trabajando enfrente de mi casa, un limpiador que ahí estaba, escoba en mano, limpiando la acera vacía. Pocos nos acordamos de esos otros"esenciales" pero tan importantes. Eso sí, que no hagan huelga porque nos subimos por las paredes si la calle está sucia. Va por él y sus compañeros también mi aplauso.