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sábado, 9 de marzo de 2019

no me des lecciones de feminismo






Amanezco este nueve de marzo un tanto brumosa, después de un #8M intenso. No hice muchas fotos, y las que hice no son muy buenas. En realidad, me dediqué a vivir las distintas reivindicaciones a lo largo de todo el día, en mi huelga particular.

Un año más me emocionaron las estudiantes –y sus compañeros- en la manifestación. Hay futuro. Al mediodía la plaza del Pilar se llenó para reventar “El cuento de la criada”, esa distopía de Margaret Atwood en la que las mujeres perdemos todos nuestros derechos y vivimos sometidas a nuestros maridos –las de clase alta- o a nuestros dueños –todas las demás- convertidas en vientres reproductivos. Suena tan parecido a eso que eufemísticamente llaman “gestación subrogada”,·que ya es una realidad y que siempre tiene un único sentido: pareja pudiente alquila una mujer para que se destroce su cuerpo con el embarazo y parto de un bebé ajeno al que no le podrá unir ningún vínculo afectivo.




Por la tarde participé, otro año más también, en la manifestación convocada por la plataforma #8M. He de reconocer que no las tenía todas conmigo. Pensé que no tendría la repercusión del año pasado. Afortunadamente, estaba equivocada. Después de más de dos horas y media, a las nueve de la noche solo había conseguido llegar a la plaza España desde el Paraninfo. Agotada e invadida por necesidades primarias, decidí dejarla, satisfecha por comprobar que nos habíamos superado. Que ese grito unánime que se resumía en que “la revolución será feminista o no será” es cada vez más fuerte y, lamentablemente, necesario.




La tarde anterior había asistido a la inauguración de la Exposición “ULTRAVIOLETA. Didácticas desde los feminismos” y leí un texto que me ha hecho reflexionar bastante: “Desde sus albores más tempranos […] el movimiento por los derechos de las mujeres ha tenido entre sus cometidos la re-educación de una sociedad siempre recelosa ante sus reivindicaciones. Ya en el siglo XV, durante la llamada Querella de las Mujeres, un gran número de autoras [..] comienzan a generar textos contra la misoginia que sufren e identifican, explicando el fundamento cultural, y no natural, del trato desigual del que son objeto.

Desde entonces, el esfuerzo del feminismo en el plano pedagógico ha sido ingente, suponiendo a menudo una gran inversión de tiempo y energía. A las activistas o, sencillamente, a las personas que se definen como feministas, se les exige además una disposición plena y una actitud siempre didáctica, dando por sentado una dedicación que no es reconocida ni valorada a nivel externo: una tarea invisibilizada que a menudo supone una pesada carga pero que también tiene brillantes expresiones.”

No le falta razón. Parece como si tuviésemos que estar continuamente explicando y hasta justificando nuestro feminismo, más o menos público, pero siempre activo. Y es que ayer mismo era tachada de poco menos que arribista, que solo era feminista desde hacía tres años, que nunca me habían visto anteriormente en manifestaciones ni actos. Me lo decía una persona que me conoce, o al menos eso creía, bien, un hombre que tuvo que buscar su postura feminista cuando era joven, allá en los setenta, precisamente en el mismo momento en el que yo, en mi casa, estaba recibiendo una educación en igualdad. Igualdad de oportunidades en el estudio, igualdad de obligaciones en casa, igualdad de derecho al trabajo. Recibía mensajes de parte de mi madre de “ten siempre tu propia independencia económica, no dependas de nadie” mientras ella se iba a trabajar todas las mañanas taladrando mis oídos con sus tacones por el pasillo. Crecí creyendo en esa igualdad, en esa independencia no solo económica, sino también social, afectiva e intelectual. Elegí el camino de las ciencias que parece vetado a las mujeres. Elegí el camino de la Geología, de grandes soledades en el monte. Elegí el camino de la construcción en un mundo de hombres. Elegí ser libre, y no atarme a quien me intentó doblegar, menospreciar, anular. También había elegido años antes el mudo del deporte, desde crear mi propio equipo de fútbol sala hasta carreras de orientación en bicicleta de montaña. Elegí caminos difíciles, vetados normalmente para una mujer. Elegí vivir de manera natural como una persona, sin distinción de sexo ni de género. Porque pude elegir. Y eso, también es verdad, se lo debo a las mujeres que me precedieron.

Y tal vez precisamente porque me parecía natural no debí de estar en esas expresiones públicas del feminismo de las que hablaba, tal vez, entre otras cosas, porque hasta hace muy poco, nos habíamos movido en distintos ámbitos, y era difícil que pudiéramos coincidir. O tal vez incluso puede ser que el que no me viera –porque no me conocía- no quisiera decir que no estuviera allí. No recuerdo exactamente dónde me he metido, porque he participado en muchas cosas a lo largo de mi vida. Sí recuerdo haberme encarado en los años noventa con políticos presuntamente de izquierda que dudaban del feminismo y de la brecha salarial, por ejemplo. También durante la carrera adopté posturas de defensa de las mujeres contra los profesores arriesgando mi expediente. He dejado parejas cuando me querían someter y, por supuesto, jamás he tolerado un mal trato. Es más recuerdo en el equipo de fútbol sala, como a una jugadora, ocho años más joven que yo, su novio la insultaba e incluso creo que la llegó a agredir. Yo me quedé aterrada porque no me podía imaginar que esos comportamientos se siguieran dando en gente tan joven. Han pasado más de veinticinco años desde entonces y lamentablemente, se siguen dando entre los chavales de la generación de mis hijos.

Cansa, cansa profundamente estar haciendo continuamente didáctica del feminismo, que es lo mismo que decir hacer didáctica de tu propia vida, para que luego venga un hombre a dar lecciones. No, gracias. No me cuentes mi vida.

viernes, 1 de marzo de 2019

son mis amigas







Permitidme que os hable de mis amigas. Os puedo hablar de Arantxa, Beatriz, Blanca, Gloria, Manu o Tere, por ejemplo. Son todas geólogas. Las cuatro primeras, profesoras del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Zaragoza. Manu, catedrática en la Universidad de Borgoña. La última, presidenta de la Delegación del Colegio de Geólogos en Aragón. Son todas mujeres de mi generación. A algunas las conozco desde los catorce años, con otras hemos sido como hermanas. Todas ellas han destacado en sus campos de trabajo.
Arantxa es vicedecana de calidad de la Facultad de Ciencias, profesora titular del Área de Estratigrafía y divulgadora científica a través de una actividad de “Geología forense”. Siempre ha sido una mujer de carácter –de buen carácter- inteligente y luchadora, a la que conozco desde que tenía catorce años y que no solo no me sorprende adonde ha llegado, sino que sé que llegará mucho más lejos.
Beatriz también es profesora titular del Área de Estratigrafía, secretaria del Departamento de Ciencias de la Tierra y editora principal de la Revista de la Sociedad Geológica de España (también presidida por una mujer y en la que hay una comisión específica de mujeres y geología). Hemos sido uña y carne durante muchos años, desde el instituto, hemos vivido grandes momentos y otros muy duros. La suya ha sido toda una carrera de obstáculos machistas para alcanzar sus metas. Y lo que le queda.
Blanca es profesora titular de Cristalografía y Mineralogía, directora del Departamento de Ciencias de la Tierra, también ha sido vicedecana de la Facultad de Ciencias y actualmente preside la Sociedad Española de Mineralogía. Recuerdo que durante la carrera, una vez pasados a limpio, sus apuntes eran los mejores… Y los momentos que pasamos en el campo, también.
Gloria es profesora doctora contratada del Área de Geomorfología e investigadora en el Instituto Universitario de Ciencias Ambientales (IUCA) especializada en Geología Ambiental. Su casa en Fabara ha sido mi casa y sus padres me trataron siempre como una hija. Mujer decidida de ideas claras, nunca rebla hasta conseguir sus objetivos.
Manu es catedrática de Sedimentología en la Université de Bourgogne –de hecho, fue la primera catedrática de Geología en Francia- y anteriormente fue profesora titular en el museo de Ciencias Naturales de París. Ha recorrido medio mundo buscando yacimientos petrolíferos. La suya también ha sido una carrera plagada de obstáculos en la que antepusieron su condición de mujer por delante de su capacidad e inteligencia. Pero ella ha sido más fuerte.
Tere trabaja en la Confederación Hidrográfica del Ebro como Técnica Facultativa Superior y es Jefa de Servicio de Gestión y Planificación de Aguas Subterráneas. En la Comisaría de Aguas del Ebro, con perfiles de titulaciones científicas, el 45% de puestos de jefatura lo ocupan mujeres, aunque según ellos, en otras áreas aún queda mucho camino por recorrer. Además es presidenta de la delegación del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos en Aragón. Tere nunca pierde la sonrisa, es una mujer tenaz que ha sabido pisar firme en su trabajo.



Os podría hablar de más amigas mías médicas, abogadas, ingenieras, que se han tenido que hacer un hueco en sus profesiones a veces desde el minuto cero, como Piluca, mujer de sobresaliente en COU y que el primer día de ingeniería me llamó llorando porque los profesores les habían dicho a las futuras ingenieras que ellas solo estaban allí para pillar marido... Ha dirigido las instalaciones eléctricas de obras como el Hospital Miguel Servet, o el Provincial.
Nosotras también tuvimos que afrontar micro, meso y macromachismos en nuestra carrera, como aquel profesor que nos echaba broncas por llevar rimmel al mirar el microscopio porque decía que manchábamos los oculares, o posturas claramente misóginas –o excesivamente babosas- en los despachos.
Mis amigas han llegado lejos, y sé que ese no es su techo de cristal. Somos las hijas del babyboom, la primera generación que llegó masivamente a la Universidad. Que nos dijeron que podíamos y nos lo creímos, que recibimos clases de un profesorado mayoritariamente de hombres en una promoción mayoritariamente de mujeres, proporción que subió entra los que terminamos la licenciatura en cinco años, y que hoy se traduce en que ha aumentado la cantidad de profesoras en el departamento. Las mismas hijas del babyboom que nos encontramos gran parte del camino hecho en la lucha feminista por las generaciones inmediatamente anteriores, que también creímos que por fin se estaban dando los pasos adecuados, que pensamos que lo natural era la igualdad, porque nos sentíamos así. Que disfrutamos de nuestra sexualidad sin complejos ni mucho menos culpa, que pudimos hablar, que ya no vivimos el machismo trasnochado del franquismo que sufrieron nuestras madres, que ya no tuvimos que depender de nadie. Que quisimos transmitir a nuestras hijas e hijos todos esos valores para avanzar hacia una sociedad mejor.
Algo falló. Han pasado casi treinta años. Nos debimos de confiar, creímos que habíamos ganado esa lucha por la igualdad y bajamos la guardia. Fue solo una batalla. Veo con estupor cómo lo que creíamos conseguido ha vuelto atrás. Cómo revive la dependencia y el control de manera más sutil –y, por tanto, más peligrosa- en las nuevas generaciones. Cómo nos pretenden devolver a la caverna social, a la pata quebrada y cómo quieren convencernos de que lo que nos pasa es porque nos lo merecemos. Cómo niegan nuestra realidad, nuestra valía. Cómo quieren controlar nuestro cuerpo.
Nos relajamos y se nos comieron, y de nuevo tenemos que volver a reivindicar nuestro sitio. Tenemos que convencer a las niñas de que valen para la ciencia, a las chicas de que no eso no es amor sino control, a las mujeres de que sean libres en lugar de valientes, a las profesionales de que valen tanto como sus compañeros… Pero sobre todo tenemos que convencer a la sociedad de que esa niña es igual a ese niño, a los hombres de que nos quieran, nos respeten, nos entiendan. A los profesionales de que somos todos y todas igual de capaces, de que podemos y de que nos merecemos cobrar de la misma manera.
Hay que convencer de una vez por todas al mundo de que el 50% de la población no puede ser discriminada por el hecho de ser mujer, sino que estamos perfectamente capacitadas para ejercer todos y cada uno de los trabajos y de los puestos de responsabilidad, de acuerdo con nuestra formación. Y si no, ahí están esas seis mujeres, mis amigas, como muestra de ello.

Publicado en "El Pollo Urbano" marzo 2019

http://www.elpollourbano.es/nosotras/2019/02/son-mis-amigas/

domingo, 2 de julio de 2017

yo no quiero ser feminista





Yo no quiero ser feminista. No nací para eso. No quiero reivindicar lo que debería ser normal. No quiero que sea necesario. No quiero cuotas ni días en el calendario. No quiero ser distinta por ser mujer. Ni mejor ni peor. No quiero que nadie me mire como un bicho raro por tener tetas o pintarme los ojos. Quiero ser natural.
Yo no nací para esto.
Yo nací mujer. Pero fui el hermano pequeño de mi hermano. No había quien me pusiera un vestido de nido de abeja rosa —o de cualquier otro color y estampado— ni mucho menos esas odiosas e incómodas bragas de ganchillo que en seguida se estiraban y las llevabas colgando a mitad del muslo. Las camisetas, de algodón, y los vaqueros que no faltaran, que bastante falda llevaba entre semana con el uniforme.
Pobre, mi madre. Aunque ella fue una mujer adelantada a su tiempo en muchos aspectos, aun a pesar de la educación de posguerra, con todo lo que ello implicaba. Pero ella llevó pantalones cuando muy pocas chicas los llevaban, iba en lambretta de un lado a otro, trabajaba y no tuvo mucha prisa por casarse. Y nací en una familia en la que era mi padre el que me llevaba al colegio. Y yo disfrutaba yendo de su mano, viendo al “Demis Roussos” el panadero enorme y barbudo panadero que descargaba su furgoneta en la plaza de San Sebastián. Teníamos nuestros propios ritos, nuestras propias complicidades…
Yo tenía poco que ver con los juegos de niñas, y en recreo, entre mi amiga “Ajo” y yo adoptábamos siempre los roles de chicos. Y no entendía por qué las monjas no eran las que daban la misa si lo hacían prácticamente todo, qué pintaba aquel cura. Par mí era contra natura, mi natura.
Nunca me gustaron las muñecas, como mucho, la Nancy, aunque era una muñeca medio inútil incapaz de coger nada y menos de llevárselo a la boca. Odiaba especialmente los Baby mocosete y similares, sosos y asquerosos. Jugaba con mi hermano —otra vez— con sus geyperman y con mis Big Jim, que eran mucho más versátiles. Mi mejor muñeca —no sé de dónde la sacarían mis padres— era la Havoc, una muñeca espía checoslovaca. A esa no se le ponía nada por delante, era una muñeca de acción, como quería ser yo, y no una moñas para entrenarme a ser mujer objeto y madre.
También me gustaba jugar al fútbol, con mi hermano, cómo no. Y de tanto gol portero años después terminé siendo una de las porteras del equipo subcampeón de España de fútbol sala. Éramos bichos raros.
Hoy hay más equipos de fútbol y fútbol sala femeninos. Algunos mejores que los masculinos. Algunos ganan a los masculinos. Algunas juegan en los masculinos, y ganan. Pero no les dejan. Y no pueden celebrar el triunfo todos juntos. Entonces, saltan a las noticias. Porque todavía hay que reivindicarlo. Y no debería ser así. Debería ser normal. Tú vales, tú juegas. Tú haces. Tú eres.

No, definitivamente no me queda más remedio que ser feminista. Todavía.

domingo, 2 de abril de 2017

buceando entre micromachismos




El otro día paré en una gasolinera a la salida de Teruel. Desde que me bajé del coche hasta que me volví a subir en él uno de los empleados que me atendió me debió de decir una media docena de veces “guapa”, “preciosa”, “princesa” y otras “lindezas”. Juro que no lo conocía de nada. Cuando arranqué me sentí bastante molesta no sólo por no haberle dicho nada, educación —y prisas— obligan, sino porque además estoy segura de que al camionero bigotón que paró en el boquerel de al lado no le debió de destinar ni un solo piropo similar (o tal vez le dijera, “campeón”, “machote” o así, pero dudo que lo hiciera si no lo conocía, como era mi caso).
En realidad, casi me debería considerar “afortunada” porque no se refirió a mí como “zorra”, “chochito” o “puta”, que también hubiera podido ser…
Lamentablemente, este último es un modo frecuente de hablar entre los y las adolescentes, y nos es raro oírlo o leerlo en sus conversaciones, sean de viva voz o virtuales. A mí se me cae el alma a los pies. ¿En qué momento hemos fallado los padres y madres —sobre todo— que hemos procurado dar una educación igualitaria a nuestros hijos e hijas? “La educación y la actitud en la vida dependen de una insistencia día a día, y mucha paciencia como padres. Quitar estereotipos sociales cuesta lo suyo”, decía una amiga comentando unos de mis artículos. “Es una carrera de fondo”, apuntaba otra amiga en la misma conversación.
Entonces, tal vez sea que, por mucho que nos esforcemos, no podemos tenerlos en una burbuja, que desde pequeños se están relacionando con los hijos de los padres que llaman “nenazas” a los que no tienen un comportamiento netamente masculino… como es el caso de los que la emprender a golpes en un partido de fútbol infantil. Olé el ejemplo. Los chavales, chicos y chicas tienen que salir del cascarón, rebelarse para autoafirmarse, “matar” a la madre, en el caso de las chicas. Y entran en la dinámica dominante en el grupo, aunque ésta sea claramente machista, aunque ellas se proclamen feministas. Otra amiga mía, profesora de instituto, apuntaba que como educadora veía muchos chavales que ya venían con unos prejuicios y comportamientos que distan mucho de la igualdad y el respeto a la mujer. Y es que detrás de muchos fenómenos de bullying a las chicas laten fuertes estos comportamientos sexistas. Poco va a poder avanzar la sociedad si estas generaciones no cambian hacia espacios de igualdad. Sin embargo, la tendencia parece ser la contraria y muchas de las hijas de las que proclamábamos la igualdad ven cómo sus jóvenes parejas las controlan física o virtualmente. El móvil, esa arma de celo masivo…
Pero es que el micromachismo nos lo inoculan desde nuestra más tierna infancia, sutil e inocentemente (o no…) y así pasamos sin solución de continuidad de que al pasar la barca nos diga el barquero que las niñas bonitas no pagaban dinero (a lo que en la misma canción la niña respondía que no, que pagaba renunciando a su belleza, que es, en última instancia, por lo que se “valora” a las mujeres) a entrar gratis en las discotecas y, si van sin bragas, te dan cien euros. Entre estos dos extremos nos encontramos tantos ejemplos que muchas veces te llaman exagerada si un comportamiento socialmente aceptado lo tachamos de micromachismo. Los tenemos en casa, en las calles en los bares, en el trabajo, en las canciones…
Qué decir de los medios de comunicación, en los que también hemos experimentado un retroceso, y no solo siguen proliferando los anuncios claramente machistas —aunque sea para vendernos una leche infantil que contribuirá a que los niños logren un futuro como matemáticos y las niñas como bailarinas— sino también en los programas generalistas o incluso los informativos. Tenemos los presentadores más feos (y en algunos casos, más babosos, como el del hormiguero) acompañados de las presentadoras más guapas y mucho más jóvenes. Y nótese este matiz: son ellas las que acompañan a ellos, no al revés. Zasca, otro micromachismo. También abundan en los contenidos: las políticas destacan por el colorido de sus chaquetas, y cuando se reúnen, no importa lo que tratan sino lo bien torneadas que están sus piernas.

Debe de ser que no queda suficientemente claro que al nacer no sale de la placenta ningún manual de comportamiento y obligaciones por ser mujer, como dijo mi buena amiga Cristina García, con lo que desde ese mismo momento somos todos iguales. Sin embargo, los micromachismos, representados en la parte baja del iceberg de la violencia de género, nos envuelven, y en lugar de nadar libremente, buceamos entre ellos intentando zafarnos de sus dentelladas de admisión social, tradición y excusas. 



http://www.elpollourbano.es/nosotras/2017/03/buceando-entre-micromachismos/

sábado, 18 de marzo de 2017

mujeres y ciencia (o de cómo nos han tenido por ignorantes cuando en realidad sólo estábamos ignoradas)




Este mes de marzo vamos a volver a celebrar el Día Internacional de la Mujer. Sin más. Lo de trabajadora se sobreentiende. En la Asociación de Artistas Plásticos Goya Aragón se inaugurará, además, una exposición sobre las olvidadas e ignoradas a través de la Historia hasta nuestros días, poniendo el acento en aquellas mujeres que la Historia, escrita por hombres, ha procurado borrar o, cuando menos, velar. Hace poco, también se celebró el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Y os aseguro que eso sí que ha sido un drama para las mujeres. Si ya de por sí no se nos ha permitido pensar, ya no hablemos de dedicarnos -o destacar- en los diversos campos científico-tecnológicos, de amplia raigambre masculina, incluso hoy en día.
Buceando un poco en las estadísticas, encontramos que en España, y según datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el 54,4% de los estudiantes universitarios son mujeres, e incluso este porcentaje sube ligeramente entre la población egresada (57,3%). A priori es para congratularse. Sin embargo, si profundizamos un poco más, apreciamos las primeras diferencias claras: Atendiendo a las distintas ramas de conocimiento, se observa una proporción de hombres muy superior a la de mujeres (74,1% son hombres) en la de ingeniería y arquitectura. Esta distribución se invierte en Artes y Humanidades, donde el porcentaje de mujeres sube hasta el 61,5% y, afortunadamente, en Ciencias de la salud, rama en la que las mujeres tienen una presencia muy superior a la de los hombres (30,3% son hombres).
Visto así, el futuro parece ser de las mujeres, salvo en el campo científico-tecnológico, donde aún queda mucho camino por recorrer. Pero, ¿qué pasa con el presente? Si atendemos a los mismos datos del ministerio, ya sólo el 39,9% del personal docente son mujeres, y entre los catedráticos de universidad, el 79,3% son hombres. Por rama, las mujeres siguen teniendo mayor presencia en artes y humanidades (47,6% mujeres, aún por debajo del 50%) frente a ingeniería y arquitectura, donde sólo el 20,6% son profesoras.
Esta situación no es exclusiva de España. A nivel  mundial, y según datos de la Unesco en el Atlas mundial de la igualdad de género en la educación, en los últimos cuarenta años el número de las matriculadas en estudios superiores crece al doble de velocidad que el de hombres. No obstante, esto no siempre se traduce en una mejora de sus oportunidades profesionales, sobre todo en cuanto a la posibilidad de dedicarse a la investigación después de obtener el doctorado. Y de nuevo se aprecian sensibles diferencias entre los sexos en función del campo de estudio, y así los graduados en ingeniería, industria y construcción son mayoritariamente varones en los 84 países de los que hay datos.
Lo mismo pasa con la investigación profesional, donde es claro el predominio de los hombres. Para que os hagáis una idea, permitidme que os hable de una amiga, Emmanuelle Vennin. Ella es una geóloga francesa con la que mantengo amistad desde hace más de veinticinco años. Es tan excelente persona como trabajadora. Lleva más de veinte años recorriendo el mundo investigando posibles yacimientos petrolíferos y es –y de esto me enteré hace unos días-la primera mujer catedrática de Geología en Francia, plaza que, además, obtuvo con solo treinta y siete años. Sin embrago, su propia peripecia vital casi no le ha permitido, como a muchas mujeres, darse la importancia que en realidad merece.
Y rebuscando en nuestro pasado nos encontramos con multitud de mujeres de la mayoría de las cuales sus nombres no nos resultan conocidos, pero que fueron determinante en sus respectivas disciplinas científicas. Algunas sí han pasado a la Historia, y hasta han tenido película propia, como Hypatia (Ágora, 2009), Hildergarde von Bingen (Visiones, 2013) o las matemáticas Katherine Johnson y Dorothy Vaughan y la ingeniera Mary Jackson en la nominada a los Óscar Figuras ocultas (2016).
Las mujeres han reclamado su sitio en la Historia de la Ciencia desde antiguo, Además de Hypathia, se conoce el nombre de la pitagórica, Teano de Crotona (Siglo VI a.C.), Agnódice (Siglo IV a.C.), la primera ginecóloga, o María la Judía, alquimista que vivió hacia el siglo II aproximadamente.
Pero no ha sido un camino fácil. En demasiadas ocasiones la comunidad científica ha hecho oídos sordos de los trabajos de estas mujeres, cuando no han tenido que hacerlo a la sombra de sus compañeros, que fueron los que normalmente se llevaban los premios, incluso los Nobel, como fue el caso de Rosalind Franklin (1920-1958), investigadora del ADN, o Lise Meitner (1878-1968) por la fisión nuclear (aunque en este caso, Otto Hahn sí que la mencionó al recoger el premio)
Muchas de la científicas que conocemos han podido dedicarse a sus respectivas disciplinas apoyadas por sus padres, hermanos o esposos, Sin embargo, este apoyo a veces las ha eclipsado, como a Irène Joliot-Curie (1897-1956), hija de Marie y Pierre Curie, y que fue también galardonada con el Nobel de Química con menos de 40 años, pero de eso casi nadie se acuerda, igual que de sus postulados feministas.
Este posicionamiento feminista ha también sido determinante en la carrera de otras mujeres de ciencia, como Maria Mitchell (1818-1889), astrónoma cuáquera que estuvo comprometida con la causa antiesclavista y con los derechos de las mujeres o la matemática Sofya Kovalevskaya (1850-1891).
También está el caso de Virginia Apgar, quien da nombre al test que se les realiza a los neonatos y que tantas vidas ha salvado. En su caso, y a pesar de sufrir en su propia piel la discriminación de sexos en el campo de la ciencia y la medicina, esta luchadora incansable nunca se alineó con ninguna formación feminista. Su manera de cambiar el mundo era simplemente continuar trabajando.
En esta España de tradición casposa en materia científica hemos podido, no obstante, dar grandes nombres femeninos a las ciencias, como la matemática Assumpció Català (1925-2009), la primera mujer en obtener un doctorado en matemáticas en la Universidad de Barcelona, Ángela Ruiz Robles (1895-1975) conocida por patentar un artilugio que pretendía ser una suerte de libro mecánico que sería el primer precedente del ebook, Carmina Virgili (1927-2014), geóloga, que fue secretaria de Estado de Universidades e Investigación en el primer gobierno presidido por Felipe González, o la también geóloga Rosa María Esbert (1942-2011), precursora de los estudios de petrología aplicada a restauración en España.

Son muchos más los nombres de mujeres, algunas de vidas insólitas como Elena de Céspedes (1546-1588), que han contribuido con su inteligencia al desarrollo de la ciencia, la tecnología, o con inventos sin los cuales no concebiríamos nuestra actual existencia. Poco a poco iremos desgranando sus vidas y sus obras.



http://www.elpollourbano.es/nosotras/2017/03/mujeres-y-ciencia-o-de-como-nos-han-tenido-por-ignorantes-cuando-en-realidad-solo-estabamos-ignoradas/

sábado, 11 de marzo de 2017

las habitantes del andamio



Llevo más de veinte años subida en el andamio. En todo este tiempo he ido percibiendo un cambio -quizás excesivamente lento- en la actitud de los hombres, señores absolutos de la estructura metálica, hacia las mujeres en la obra.
Mis comienzos no fueron nada halagüeños en aquellos noventa iniciales, en los que, a pesar de tantos intentos, muchos españolitos de a pie, aún no habían salido de la caverna. Y les costaba entender qué hacía esa gachí –sí, sí, gachí- diciéndoles lo que tenían que hacer, si el papel de la mujer era estar en casa y, si acaso, recibir los requiebros más o menos groseros del pecho lobo con el pañuelo anudado en la cabeza. Aún recuerdo aquella mañana en una vieja iglesia oscense en la que, tras varios intentos frustrados de que el albañil de turno nos hiciera acaso a dos veinteañeras que le estábamos indicando cómo tenía que aplicar unas soluciones, llegó Antonio, el jefe de obra, un armario ropero pelirrojo, que además era el que pagaba, y le dijo: “Manuel, haz exactamente lo que te digan estas dos señoritas”. Y como lo había dicho Antonio, Manuel obedeció.
Poco tiempo después me presenté a una entrevista de trabajo para una empresa de productos químicos para la construcción. Yo pensaba que era la persona idónea, ya que esa era mi especialidad. Los dos motivos por los que fui rechazada fueron que era licenciada y, sobre todo, mujer, Y las mujeres no teníamos nada que hacer en el mundo de la construcción. Así me lo dijeron… Hace dos años acudí a una feria de la piedra en calidad de técnica prescriptora. Reconozco que cuando me acerqué al stand de esa casa, y el comercial me intentó vender sus productos le dije que lo sentía mucho, pero que su empresa me había rechazado por ser mujer y no iba a ser yo la que recomendara una firma tan marcadamente machista. O por lo menos que a mí me constara fehacientemente.
Porque esa es otra. Vas a una feria del sector de la construcción y las mujeres están consideradas como auténticos floreros de carne hueso, bien como azafatas soportando las baboserías horteras de cierto tipo de visitantes sedientos de todo tipo de mercancía, bien en fotos con posturas inverosímilmente provocativas intentando insinuarse ligeras de ropa poniendo morritos al cazo de una excavadora…
Han pasado más de veinte años desde aquellos primeros pasos y en el camino he visto de todo. Pero lo más sorprendente es el machismo que me he encontrado en ocasiones entre los propios titulados superiores de la construcción. Ha habido situaciones tan delirantes como tener casi que chivar las soluciones en las visitas de obra a un reputado profesor colaborador solo porque venía del mundo universitario, era de Madrid y, sobre todo, era hombre.
Sin embargo, cada vez son más las mujeres, aparejadoras, jefes de obra, así como arquitectas e ingenieras o técnicas de prevención de riesgos laborales. También las hay albañiles, electricistas, gruístas, etc., aunque la mayoría de las mujeres en la obra estamos en puestos técnicos y Dirección Facultativa. Y eso que no teníamos futuro en el mundo de la construcción...Desde 1991 el número de arquitectas, aparejadoras, ingenieras, geólogas, químicas y otras licenciadas en carreras relacionadas con la construcción no ha parado de crecer (mención aparte son las restauradoras, que dominan ese sector) y la evolución de la presencia de la mujer dentro del sector de la construcción en España es positiva pero muy lenta. Sin embargo, sigue habiendo una más o menos soterrada minusvaloración hacia nosotras, que lo mismo nos acusan de tener una mala leche increíble que de no tener ni idea, por no hablar de cómo relacionan nuestro comportamiento con nuestro ciclo biológico o nuestra mayor o menor satisfacción sexual. De todo he oído.
También me he encontrado con compañeros de trabajo excelentes, tanto entre los técnicos como entre los albañiles y canteros, una gente absolutamente especial de los que he aprendido mucho. Y he podido pasar muy buenos ratos, tanto en el andamio como en torno a una mesa de restaurante de menú del día comiendo alubias con guindillas mano a mano con los trabajadores. Lejos quedan esos momentos iniciales en que no me hacían caso, y ahora me dedico a asesorar a la Dirección Facultativa, o directamente formo parte de ella, mi firma está en la mayoría de los planes directores que se han redactado en Aragón, doy instrucciones y en muchos monumentos no se ha movido una piedra sin mi visto bueno.
Han pasado más de veinte años, pero aún queda mucho camino por hacer. Y así este verano escuchaba a una compañera de trabajo quejarse de cómo la ninguneaban los albañiles a su cargo y no le hacían ni caso. Solo porque era mujer y joven.
También en este campo, es necesario ganar esa igualdad en empleo, respeto y salario según nuestra capacitación. No podemos esperar otros veinte años a que cambien las cosas. El andamio está evolucionando, ya no son esos viejos andamios amarillos con tablas, ahora tienen que seguir la normativa europea de seguridad. Esperemos que esa evolución prosiga también entre sus “habitantes” y desaparezcan, de una vez por todas, esos ramalazos machistas para trabajar todas y todos como profesionales que somos.

http://www.elpollourbano.es/nosotras/2017/01/las-habitantes-del-andamio/


jueves, 9 de marzo de 2017

me gusta ser mujer v2.0






Coleando aún los efectos de la manifestación de ayer en conmemoración al día de la mujer (lo de trabajadora se sobreentiende), comienzo a compartir por aquí los artículos que he ido publicando en los últimos meses en "El Pollo Urbano" en la sección "Nosotras" a la que me invito a colaborar Crsitina Beltrán, gran mujer, y a quien le estoy muy agradecida por todo lo que representa como mujer y como luchadora vital.

El primer artículo fue una reescritura de una entrada antigua de este blog, pero que quise darle una vuelta de tuerca más. Espero que os guste:

http://www.elpollourbano.es/nosotras/2016/11/me-gusta-ser-mujer-cristina-marin-chaves/

miércoles, 30 de noviembre de 2011

una noche como hoy


hace setenta y cinco años:

“el Jefe Superior de Policía de Zaragoza mandó una carta a la cárcel de Torrero para que soltasen al meteorólogo Odón San Emeterio y a Manuel Marín Sancho. La carta estaba firmada el 30 de noviembre, pero no llegó a su destino. Esa misma noche ambos, con otros muchos, fueron ejecutados.”

Éste es un fragmento de un artículo que escribió Antón Castro para el Heraldo de Aragón en 2008 después de una entrevista que les hizo a mi padre y a mi tía. El artículo completo lo podéis encontrar en http://antoncastro.blogia.com/2008/041203-memoria-de-manuel-marin-sancho.php

A mi abuelo lo mataron una noche como hoy, en 1936, con treinta y siete años. Recuerdo que cuando yo cumplí esa edad, me daba casi vergüenza si comparaba mi vida con la de mi abuelo: Yo no había hecho nada. Mi abuelo a esa edad en que no se evitó su muerte había sido: “Escritor y periodista. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Zaragoza (1923). Doctor en Lengua y Literatura Española. Desde 1925, profesor ayudante de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza y archivero segundo del Ayuntamiento. Académico de Bellas Artes de Zaragoza (1928). Miembro de la junta de gobierno de la Real Sociedad Aragonesa de Amigos del País. Primer presidente del Centro Naturista Helios. Medalla del Centenario de Goya (premio de la Academia de Bellas Artes de Zaragoza). Director-fundador de la revista Aragón del SIPA. Fundador y presidente de la Agrupación de Autores Aragoneses (1933). Creador de la agencia “Ebro Prensa”. Autor de obras dramáticas estrenadas en el Teatro Principal de Zaragoza. Director de la revista “Amanecer” y redactor y colaborador (críticas de literatura y arte) en diarios y revistas de Zaragoza y Madrid. Miembro de la misión universitaria de Zaragoza a la Universidad de Bonn (1929), ostentando también representación del Ayuntamiento de Zaragoza. Ponente en comisiones de estudios sobre varios temas como el Canfranc, San Juan de los Panetes, etc.”. [F.M.P.H.]. GRAN ENCICLOPEDIA ARAGONESA, apéndice I, p. 268. UNALI Zaragoza 1983

También lo describe como “hombre polifacético y alegre, que con el mismo entusiasmo cumplía su trabajo en el Ayuntamiento, daba sus clases en la Universidad o realizaba su labor periodística” y termina señalando lo que ya sabemos: “fue fusilado en diciembre de 1936 por su pertenencia a la masonería”. Sí ése fue su pecado, ser masón. No quiso meterse en política a pesar de habérselo propuesto personajes tan ilustres como Diego Martínez Barrio. Y él lo rechazó. Sólo fue una buena y activa persona. Ah, y masón, que no se nos olvide, lo cual a los ojos de aquellos que determinaron ser semidioses que juzgaban y jugaban con la vida de los demás le confería una suerte de color rojizo, cuernecillos, barba picuda y rabo lanceolado.

Lo mataron y luego, a misa a confesar. Pero la hipocresía no quedó allí. En el archivo de Salamanca se puede consultar el expediente sobre su muerte en el que se puede leer: "Falleció y fue autopsiado en el día de hoy, a consecuencia de fractura de cráneo y hemorragia interna, según resulta de certificación facultativa y reconocimiento practicado". Sí, las balas fracturan el cráneo, es obvio.

A mi abuelo, por lo menos sé adónde ir a recordarlo y ponerle unas flores; no terminó en una fosa común de contenido y ubicación incierta. Pero pertenece a esa nómina de vidas brillantes cercenadas por el odio y el sectarismo. Para que siga vivo, sólo me queda conmemorarlo en estas líneas.

Porque nadie desaparece del todo mientras haya alguien que le recuerde, mientras haya alguien que le quiera.

domingo, 20 de noviembre de 2011

respeto al futuro

http://www.heraldo.es/noticias/suplementos/elecciones_n/un_hombre_anos_muere_una_parada_cardiorrespiratoria_tras_votar_madrid_165811_1031024.html


En todas las jornadas electorales asistimos al capítulo “anecdotario”. Es lo de siempre. Sin embargo, la noticia de arriba es mucho más que una anécdota, y si no, que s helo cuenten a su familia. Es mucho más. Como poco, es una lección. Una lección de responsabilidad e ilusión. Este hombre, con su voto, quería cambiar el futuro, que él a su edad, sabía muy corto, aunque no se podía imaginar tanto. Nunca sabremos a quién votó, ni tampoco sabremos mucho de su vida, pero, dejadme que me aventure a imaginar qué pudo pasar por la cabeza de este hombre que con su mochila vital llena se acercó hasta su colegio electoral con la ilusión de que su voto sirviera para cambiar, tal vez mejorar el futuro. Un hombre que pudo ejercer su derecho al voto en su primera juventud y que después tuvo que esperar cuarenta largos años a volver a ejercerlo.

Su voto es su legado, y hemos de aprender de él y no conformarnos con lo que elijan los demás sino opinar nosotros también. Su voto es la herencia que nos deja a la sociedad, pero que ha de ser administrada por los políticos que nos representan.

Y esa es su mayor responsabilidad. No somos números, somos personas, y como tales nos han de considerar a la hora de gobernar. No somos peones de un gran tablero de ajedrez, seguimos siendo personas, con nuestras vidas y nuestras historias, igual que ellos y sus familias.

Han dado muchas manos estos días. En cada una de ellas había un calor distinto. Que no olviden que gobiernan para hombres y mujeres, aunque algunas de ellos ya no existan.

La vida es muy corta, aunque se escape a los 96 años, si no puedes vivir tus ilusiones.

jueves, 20 de octubre de 2011

por fin

Mis hijos solían jugar en el memorial del parque de la Esperanza, el que se levantó en recuerdo de las víctimas, sobre todo los niños, del atentado contra la casa-cuartel de la avenida Cataluña del 11 de diciembre de 1987. Recuerdo que era viernes. Acabábamos de volver de una excursión de la carrera y estábamos en el bar de matemáticas escuchando atónitos la noticia. No podía ser aquí no. Aún teníamos reciente el atentado contra el autobús militar de enero en San Juan de los Panetes -que de aquello la iglesia no ha levantado cabeza, ni torre- y Zaragoza volvía a ser triste protagonista de un atentado de E.T.A. Y no sería la última vez, pero aún no lo sabíamos. Tuvimos miedo, comprendimos el miedo. Pero no entendimos nada más. Después, recuerdo que lloré cuando asesinaron a Miguel Ángel Blanco, que me quedé estupefacta con el disparo a Tomás y Valiente. Después, recuerdo que en el verano de 2000 no paraba de ir a la plaza del Ayuntamiento de Alcorisa con mi hijo en su sillita a demasiados minutos de silencio por demasiadas vidas silenciadas en tan poco tiempo. Después, recuerdo escuchar por la radio, el 3 de diciembre de 2008 el atentado de Ignacio Uría mientras yo iba por la autopista vascoaragonesa camino de Santander. Otra vez la incertidumbre, No sabía qué me encontraría en el camino.

Y tantos otros, tantas otras historias truncadas. Hasta hoy que, por fin, parece que vemos el final de la serpiente. Hoy tenemos los ojos abiertos con desmesura. Por la mañana contemplábamos el posible fin de una guerra y por la tarde el de otra. A veces los días sí que se merecen el calificativo de histórico, que tan barato se vende en los medios de comunicación. Hoy creo que sí, que es uno de esos. Uno de esos días de los que se hablará. De los que estudiarán mis hijos en sus libros de historia y de los que la generación de mi padre aún han podido vivir. Un día de emociones. Porque así era cómo escuchaba yo la radio –gracias Ángels- con emoción, casi incredulidad, de vivir lo que estaba viviendo. Un día de transistores, otro, y pantallas.

Un día que a él le hubiera gustado dar la noticia, como decían hoy todos los periodistas, que la habría comentado en su columna y que por eso he decidido esta etiqueta, puesto que compartimos tantas “aspis”.

No puedo, ni creo que alcance a saber el porqué de la decisión de E.T.A., si por el acoso policial, el debilitamiento, el cansancio de los suyos y de la sociedad vasca o porque ahora que de nuevo la izquierda abertzale está en las instituciones –desde mi punto de vista no consideraba coherente dejar sin voz a tantos miles de personas- ven que hay otra vía, que la democracia, las palabras, son el camino y no la violencia y la intransigencia. Sólo sé que hemos ganado todos, sobre todo el País Vasco, pero, también todos.

Sólo sé que la única manera que he encontrado para decirles a mis hijos la importancia de este día es que hoy había un poco más de paz q ayer.