martes, 2 de noviembre de 2010

algo está fallando



Cuando esta mañana he oído la noticia, me he quedado tan anonadada que no he podido reaccionar: una niña había tenido un bebé, aquí, en España, con apenas diez años. El padre también es menor. La niña y su bebé están bien, de momento con la familia y la Junta de Andalucía, que es donde ha nacido la criatura, está estudiando qué hacer con ellos. Me he querido informar más y he descubierto que la niña es de origen rumano y que en 2008 –último año del que se tienen datos censales- hubo 177 partos de niñas menores de quince años. Ahí es nada.

Independientemente de que la nacionalidad de la madre-niña da lugar a proseguir con el tan sobado debate de la sanidad pública española y los extranjeros, y también al margen del entorno social y cultural de esa familia, quedan muchas cartas sobre el tapete; la primera, la precocidad de esos críos. No es habitual que las niñas estén en condiciones de quedarse embarazadas con tan solo diez años, pero sí es cierto que basta con darse una vuelta por cualquier colegio de primaria para ver que hay alumnas de 5º y 6º francamente desarrolladas, con lo que este riesgo entra dentro de lo posible.

Pero hay un hecho aún más arrollador y son esos 177 casos, esas 177 niñas arrancadas de su infancia o que la abandonaron demasiado pronto. Y cabe preguntarse por qué, qué hay detrás de estas vidas que se saltan la adolescencia para caer de bruces en la madurez que supone educar un hijo. Un hijo, de carne y hueso, no un muñeco con caquitas de barro. No me considero mojigata, ya lo sabéis, pero veo a mi alrededor cómo es difícil vestir a una niña de niña, cómo desean parecerse a esas “Hanna Montanas” o “patitos feos” que luego sabemos que no lo serán y formar parte de una pandilla de “divinas”, cómo escuchan músicas de letras explícitas y cómo siguen con avidez series de televisión situadas en institutos en los que pasa de todo y con toda naturalidad. Y esas personalidades en formación son auténticas esponjas que absorben lo que les rodea sin pararse a seleccionar, lo mismo da sucia agua de fregar que la de la más cristalina de las fuentes.

En la era de la información falla la información por exceso de información. Delegamos o relegamos el momento y la manera de hablar con nuestros hijos y no sabemos por dónde empezar porque nos dan cien mil vueltas. Además, piensan, cómo les vamos a hablar nosotros de sexo si para ellos somos unas antiguallas de cuarenta años que ni nos acordamos de cómo se hace, que eso es cosa de cuerpos jóvenes y atléticos y no de sus ojerosos padres. Falla la comunicación y los mensajes llegan por canales inadecuados. Y luego nos tenemos que lamentar de esas 177 vidas refractadas o enzarzarnos en interminables debates sobre el aborto. Es todo tan delicado…



martes, 19 de octubre de 2010

alegría



"La alegría no tiene precio. No existe trabajo, ni esfuerzo, ni culpa, ni problemas, ni pleitos, ni siquiera errores que no merezca la pena afrontar cuando la meta, al fin, es alegría"

Almudena Grandes, "El corazón helado"




La alegría no tiene precio. Salimos de fechas alegres, unas porque es lo que toca, eran las fiestas y había que estar alegre. Pa’fuera telarañas que diría Bebe. Otras porque también es lo que toca, porque treinta y tres hombres han salido de la oscuridad a la luz de la vida. Y eso es bueno.

Porque la alegría, es un bien escaso últimamente. Son caras las sonrisas. A mí misma me ha pasado. La gente que me conoce bien lo sabe. He pasado unos días malos, muy malos, en los que me apetecía cualquier cosa menos sonreír. Os agradezco todo lo que me habéis ayudado y os pido perdón por las preocupaciones que os he causado. Me he dejado llevar, por el desánimo, la tristeza y el pesimismo. Y lo peor es que me daba cuenta, sabía que no tenía que recorrer ese camino, y ahí estaba yo, sin brillo sin energía, apagada. Sin ni siquiera escribir.

Sin embargo, esta noche me ha llegado un comentario de alguien que no conozco y que me ha dado las gracias por escribir y que le hacía sentir que trocitos de su vida merecían la pena. Gracias a ti, Vitorio. Y gracias a los que a pesar de mi mutismo de los últimos meses –he llegado a pensar en cerrar el blog- seguís ahí cada mañana buscando una novedad que no prolifera. O lo visitáis de vez en cuando para ver si ha pasado algo en la cibernada.

Gracias a vosotros, que estáis ahí, y me dibujáis una sonrisa en la cara. Y cambia el ánimo y se enciende la luz, y comienzas de nuevo a brillar. Y las cosas cambian, o no, pero las miras de otra manera. Y te sientes con fuerzas para encarar los días.

Gracias a los que, de una manera u otra me queréis porque me dais energía. Por lo menos tanta como para devolveros vuestro amor y amistad.

A la cara perfecta de mi hijo cuando duerme.
Al abrazo y "apierno" de mi hija cuando se despierta
A la sonrisa que me ilumina algunas mañanas
A las otras sonrisas cotidianas
A la sorna en la oficina
Al cariño de mi familia
A la felicidad de mi hermana francesa
A los más que amigos que me acogen y que me impulsan
A los amigos que se acuerdan de mi cuando me envían correos
A los que me contestan cuando los envío yo
A los que llaman
A los que vienen
A los que no hacen nada de eso pero están.
A los que habéis trabajado conmigo
A los que me habéis enseñado
A los que me habéis escuchado
A los que me habéis leído

A los que pensar en vosotros me hace sentirme feliz


Eso es alegría.



domingo, 19 de septiembre de 2010

somos





un poco huérfanos. Ya se ha dicho casi todo y creo que se ha llorado un poco más. Simplemente no es que personas como Labordeta no se deberían morir nunca, eso que se dice siempre, sino que como lo tenías tan a mano, no pensabas que nunca se pudiera morir.

Hoy, escuchando la radio, viendo los telediarios nacionales o leyendo las noticias, me he dado cuenta de que ese señor era más que importante, era único. No quiero ser injusta pero pareciera que en esta tierra te tienes que morir para que te reconozcan. Y somos tan pacatos, que teníamos un himno y tuvimos que inventarnos otro. Y hoy todos reclamamos que ese canto a la libertad que llevamos en el corazón y que a todos nos emociona cuando lo cantamos/escuchamos sea por fin la canción que nos represente a todos los aragoneses, ese regalo magistral que nos hizo Labordeta hace muchos años y que ya va siendo hora de que se lo agradezcamos.





(Y sí, ya sé que os debo muchas entradas y estoy en ello, pero ésta me ha salido de las entrañas)


martes, 22 de junio de 2010

yo también soy M.R.A.




Detenido un anciano que robó 5.300 euros en un banco con una pistola de juguete

La Policía ha detenido hoy en León a un hombre de 72 años porque supuestamente atracó esta mañana una sucursal del Banco Santander de León con una pistola de juguete y se apoderó así de un botín de 5.300 euros.

Aunque el asaltante, cuyas iniciales son M.R.A., logró escapar del banco, fue arrestado poco después por la Policía Local de León, ya que uno de los empleados de la sucursal avisó del atraco, han informado hoy fuentes de la Policía Local.

El suceso tuvo lugar en una oficina bancaria de la transitada Avenida Miguel Castaño de León, y el supuesto autor fue detenido a los pocos minutos en las inmediaciones del Corte Inglés, ambos lugares a unos cinco minutos de distancia a pie.

ECODIARIO.ES 22/06/2010, 15:27


Pues ole por M.R.A. No sé de sus circunstancias personales, pero sí me imagino la de miles de pensionistas que sobreviven con apuros, casi de milagro, y que van a ver congeladas sus pensiones por culpa de la crisis que han creado los bancos. Yo también quiero tener la valentía suficiente –y un poco de ingenuidad- como para entrar en un banco a robar con una pistola de juguete lo que ellos nos están robando todos los días. Llamadme subversiva, sí, pero deberíamos ser muchos los emerreas que tendríamos que ir a que nos devolvieran lo nuestro, eso sí sin hacer daño a nadie, que ha quedado demostrado que las pistolas de juguete sirven.

Porque no deja de sonar a recochineo que el gobierno haya estado ayudando a los bancos y a las grandes empresas, sólo porque tenían menos beneficios que el año anterior mientras los curritos de a pie se balancean en el difícil alambre del E.R.E. de dónde se pueden caer a la sobresaturada red del paro hasta el tortazo de la nada. O les bajen el sueldo. O son autónomos o pequeños empresarios que se dan de leches por sobrevivir cada día.

Os contaré una historia: Conozco una persona que tiene una microempresa, muy micro, que siempre se había caracterizado por su pulcritud en las cuentas y en los contratos con sus pocos empleados y pagaba religiosamente a la Seguridad Social y a Hacienda lo que hiciera falta pues era temeroso del estado. Pero un día se confundió y había una mínima desviación entre lo que había cotizado y lo que debería haber cotizado. Le mandaron una notificación requiriéndole el pago de la deuda y la multa correspondiente, como suele ocurrir en estos casos. Lo curioso fue que la multa era muy pequeña y, como estaba por debajo del mínimo que cobraba la Seguridad Social, le aplicaron éste, aun a pesar de que no le correspondía pagar tanta cantidad. En aquellos días comenzaban a saltar las noticias sobre las ayudas millonarias a las grandes empresas y esta persona, que también creaba empleo, que ningún año tenía beneficios, que iba justito , no sólo no recibía ayuda sino que tuvo que pagar más de lo que le correspondía.

Da rabia. Y teniendo en cuenta los seguros que tienen los bancos, que ya se sabe que la banca nunca pierde, pues yo también quiero ser M.R.A. Yo también soy culpable de su delito de reclamar lo que no sé si es suyo, pero desde luego, no de los bancos.


domingo, 6 de junio de 2010

la crisis griega es contagiosa



Y no sólo a nivel internacional, que también. Y si no, mirad lo que está pasando con Hungría e incluso con nosotros mismos. Pero no, no me refiero sólo a eso. ¿Os acordáis de que os comenté la puntería que había tenido a elegir a Grecia como mi próximo destino? Bueno, pues una vez más tendrá que esperar. La crisis, la maldita crisis, o lo que es peor, el miedo ha llegado a mis cuentas. Y si ya me daba reparos el andar por Grecia pagando los platos rotos por otros como turista accidental en un país arruinado (y no sólo las piedras), no me voy arriesgar encima a hacerlo cuando no tengo claro mi futuro.

Y es que ya estoy pagando otros platos que tampoco he roto yo, o, al menos, no sola, ni mucho menos en su mayor parte. La crisis, la maldita crisis paraliza las obras, porque la cultura ya se sabe que en estos tiempos no es prioritaria. Y si queda alguna, que más da saber cómo son las piedras o qué les pasa, hacemos lo de siempre y en paz. Como si siempre fuera igual (siempre, siempre, que palabra más traicionera y manoseada).

Pero claro, de qué me quejo, si yo soy una autónoma que he vivido en la opulencia estos años de vacas gordas… no como esos pobres funcionarios que les rebajan el sueldo una media del 5%, pobrecitos, qué penita me dan.

Pues no, señores, no me dan ninguna. Tampoco podría decir que me alegro, pero a esos señores que pasado mañana saldrán a quejarse deberían caérseles la cara de vergüenza en lugar de enarbolar una pancarta. Y de paso, que se les cayera también a los sindicatos que ahora es cuando despiertan de un tan extraño como largo letargo.

Esos señores siguen contando con un sueldo fijo, menguado sí, pero saben que al mes que viene, dentro de seis o de un año, seguirán cobrando. Que tal vez deban tener un poco más de cuidado con la visa e ir a cenar a restaurantes menos caros, puede. Que a lo mejor no podrán comprarse ese irresistible bolso de “mandarina duck” y que Tommy Hilfiger puede esperar, también. Hay que pagar la hipoteca y los plazos del cochazo que duerme en el garaje (porque para diario es mejor el otro, el pequeño utilitario). Pero saben que seguirán cobrando sólo por levantarse cada mañana de la cama.

No me dan ninguna pena, no. Yo no me he forrado durante las vacas gordas, como todo el mundo acusa a los autónomos; mi coche tiene diez años y que dure, y soy la reina de los chollos y las marcas blancas. Tal vez porque sé lo que me cuesta ganar cada euro que entra mi cuenta, y sobre todo lo que cuesta que entre, que últimamente lo hacen poco. Quizás porque sé que sólo por levantarme por la mañana ya tengo que pagar mi parte alícuota de seguridad social, alquiler de local, suministros, colegio profesional, etc, etc, etc. Trabaje o no.

Y aún con todo no me puedo quejar, que conservo, mal que bien un trabajo por el que cada día peleo y me desespero ante el silencio del teléfono y la inactividad del correo electrónico. Hay otros que viven en un E.R.E. asintótico con una peligrosa tendencia al cero en su trabajo. U otros, muchos, que ya han llegado al cero y a los que ya no se les puede sacar más conejos de la chistera en forma de prestaciones. Hay demasiados dramas a nuestro alrededor, muchas horas de sueño perdidas, muchas cuentas como rosarios para que me queje. No nos quejemos, señores funcionarios de silla vacía y cafetería repleta; de moscosos y horarios sutilmente recortados hasta transformarse en derechos adquiridos; de cafés interminables que se transforman en paseo de tiendas o confesiones íntimas. Mejor nos estamos calladitos.

Sé que ésta no es la solución, que ni los funcionarios, ni los autónomos ni todas esas personas que han perdido su empleo tenemos la culpa de esta crisis, y la estamos pagando entre todos, pero tengan un poco de vergüenza y trabajen, que para eso cobran, aunque sea menos.

miércoles, 14 de abril de 2010

el juicio de la memoria



Hace una semana que vengo pensando en esta entrada, desde que me enteré del “caso Garzón” como he visto reflejado en la prensa que denominaban al procesamiento del juez Garzón. No pretendo entrar aquí en las afinidades que se puedan tener o no con este hombre, porque si bien me parece una persona valiente, también me parece que adolece de un exceso de afán de protagonismo. Tampoco entraré en un planteamiento jurídico del que no entiendo casi nada, tendiendo a la nada absoluta, sobre la posibilidad de esa presunta prevaricación. De lo que sí que empiezo a entender es de la rabia y estupor que me produce que un grupúsculo franquista, la Falange que tantos trapos tiene aún por lavar en este país, haya conseguido sentar al juez en el banquillo para que se siga silenciando la memoria.

Y me duele, me duele profundamente que los últimos supervivientes de una generación de octogenarios que vislumbraban la esperanza de tener por fin una partida de defunción de sus padres, tíos, etc., una generación, digo, a la que no le queda tiempo de nada, les arrebaten la posibilidad de irse tranquilos con su mezcla de tristeza y satisfacción de saber cuándo y dónde. El porqué ya lo saben, aunque no lo entiendan. Cada vez menos tiempo y más desesperanza. Y miedo.

Sí, miedo, porque ellos aún tienen las cicatrices en el alma que duelen como las del cuerpo los días de tormenta. Y les duelen porque esta panda, sí, no me cortaré, ya me conocéis todos, de falangistas y adláteres, esos cuatro gatos insidiosos han conseguido recordarnos peligrosamente las “Dos Españas” tan lamentablemente latentes, a costa de que unos den su apoyo a Garzón o a su encausamiento.

Y también vergüenza. Pero eso no es patrimonio de esa generación que perdió, sino que está repartida por todo aquel que tenga algo de sentido común y sensibilidad. Vergüenza internacional porque difícilmente vamos a ser un país creíble cuando no somos capaces, o no podemos, o nos ponemos la zancadilla para, no ya juzgar, pero sí por lo menos esclarecer todos esos crímenes que hasta que no se encuentran a las víctimas no lo serán del todo. Hemos clamado contra la dictadura de Chile o Argentina, nos horrorizó lo que conocimos de la Rumanía de Ceaucescu, por no hablar del sinfín de crímenes cometidos en la antigua Yugoslavia, que también fueron denunciados. Los mismos que arremeten contra Garzón –y muchos más- protestan contra Cuba y sus presos políticos. En 2008 la moda era manifestarse por los derechos humanos en la China olímpica… Y no somos capaces de curar nuestras propias heridas sino que encima las reabrimos “gracias” a los mismos que tanto dolor causaron. ¿Cuándo va a madurar por fin este país?