permitidme que os invite a escuchar el único villancico con el que no os van a atronar en los centros comerciales mientras os gastáis demasiado dinero en regalos que no os van a agradecer (me sé de una...):
martes, 21 de diciembre de 2010
en estas fechas tan entrañables
permitidme que os invite a escuchar el único villancico con el que no os van a atronar en los centros comerciales mientras os gastáis demasiado dinero en regalos que no os van a agradecer (me sé de una...):
viernes, 10 de diciembre de 2010
catálogo de nuevas vidas
Hace tiempo tuve oportunidad de conocer algo de análisis transaccional. Hablaban de que todo el mundo necesitamos caricias, reconocimiento hacia nuestra persona, y procuramos llenar nuestra vida de ellas. No son sólo caricias físicas sino también emocionales y éstas pueden ser positivas, negativas o incluso devaluatorias. Las conseguimos de seis maneras fundamentales: Aislamiento, rituales, pasatiempos, juegos, intimidad y trabajo. Me quiero centrar en tres, en los pasatiempos, los juegos y la intimidad.
Un pasatiempo es una conversación preestablecida alrededor de cierto tema, como el tiempo, el trabajo, conversaciones sobre niños, etc. Es “lo que hablamos habitualmente”. Lo de los Juegos es algo más complicado y peligroso: Son aquello que nos pasa una y otra vez, que no nos llega a satisfacer pero de lo que no sabemos salir. La mayoría de las caricias obtenidas en los juegos son negativas. Es, de alguna manera, la transacción más peligrosa y extendida, un método fallido de obtener las caricias deseadas. En el caso de las parejas, los juegos psicológicos llevarán a la crisis de pareja tarde o temprano, aunque muchos prefieren seguir jugando a los juegos dictados por sus “guiones de vida”, antes que salir de los mismos.
La Intimidad, en cambio, es un intercambio directo y poderoso de caricias. La intimidad no es lo mismo que el sexo aunque frecuentemente ocurre en el sexo. Desafortunadamente, la intimidad duradera es difícil de lograr porque las personas frecuentemente son –o somos- emocionalmente analfabetas y preferimos conseguir nuestras caricias a base de rituales, pasatiempos o juegos, más fáciles, pero menos satisfactorios.
De manera que cuando en una pareja se ha establecido un “intercambio de caricias” basado únicamente en pasatiempos y juegos, deberían encenderse las luces de alarma y cambiar. Ya dijimos que el cambio es difícil, duro y que da miedo, pero ese miedo nos vuelve miopes y no somos capaces de mirar más allá del segundo inmediato al cambio. Segundo duro, qué duda cabe, pero es sólo eso, un segundo, un instante en la vida. Y la vida sigue. Para ambos. Una relación perniciosa no permite desarrollarse plenamente a ninguno de los miembros de la pareja, mientras que si deciden separarse ambos tienen muchas posibilidades de encontrar esa felicidad perdida e incluso mejorada. Es amplio el catálogo que conozco de esas “vidas nuevas”, como la mujer de la que me hablaron hace poco que se había quedado hecha añicos tras su separación, “una piltrafa de mujer”, y ahora está radiante, absolutamente feliz con su nueva libertad.
También me hablaron del caso de un hombre, Howard de 85 años, con una experiencia vital asombrosa: Howard se ha casado hace poco. Su primera esposa murió hace 4 años. Después conoció a Leslie, una viuda 15 ó 20 años menor que él cuyo primer marido era israelí; Howard y Leslie se casaron hace dos años, fueron a Israel para la boda de miel; pero al llegar, ella se dio cuenta de que todavía tenía sentimientos de pesar no resueltos y le dijo a Howard que no podía estar casada con él. Volvieron a California y se divorciaron. Un año después Howard conoció a Helena, su actual y reciente esposa. Maravilloso ¿no?
Sin ir tan lejos, también conozco el caso de un viudo de unos 69 años que conoció a su actual pareja por Internet. Ella es una mujer divorciada de cincuenta y tantos, y ha encontrado la sonrisa junto a ese hombre. Es para verlos, absolutamente felices.
Y es que una de las excusas más comunes para no cambiar y dejarte arrastrar por la rutina de los juegos y los pasatiempos es la edad. Nada más lejos de las posibilidades que ofrece la realidad ¿Qué me decís de un hombre viudo de más de ochenta años, que sesenta y dos después se reencuentra con su primera novia, también viuda? Pues también existe el caso.
Los papeles también están plagados de casos de vidas nuevas, aunque pareciera tarde. El caso más sonado fue el de Felipe González hace dos años que tras casi cuarenta de matrimonio, lo rompe y se va con su nueva pareja, a la que le lleva unos veinte años. Y Carmen Romero sigue con su vida. No es el único caso en el mundo de la política, ahí está Álvarez Cascos –éste compulsivo- Rodrigo Rato, Josep Piqué, Bono y más allá el francés Sarkozi con su Carla Bruni, por ejemplo
Sin embargo, la nueva vida más bonita y que más envidia me dio fue la que vivieron José Saramago y Pilar del Río, 28 años de diferencia, a la que conoció cuando él tenía 63 y que formaban un tándem perfecto y apasionante.

Sí, hay nuevas vidas esperándonos, no nos cerremos a ellas por miedo o por costumbre. Salgamos a vivir y dejemos también vivir a quien atamos a nuestro lado.
lunes, 29 de noviembre de 2010
un paseo por San Glorio y Riaño

Y decidí que tenía que contarlo.
La carretera que lleva hasta allí parte de los horizontes largos y ondulados de Tierra de Campos para poco a poco empezar a cerrarse el monte. Pasas Cistierna y quien se ondula es el camino y el dorado de tierra y rastrojo se torna verde prado y bosque… Hasta llegar al gris de la cerrada de la presa tras una pronunciada curva. Te la encuentras ahí, desafiante, arrogante, e intentas imaginar el fantasma de una pintada que fue un grito: “Demolición”. Pero está al otro lado.

Sigues hacia arriba. Ya no hay río ya es agua embalsada, ahora domina el azul, que anegó praderas y pueblos. Pueblos como Riaño, al que le clavaron estacas de hormigón en pleno corazón en forma de las pilas que sustentan el viaducto que conduce al nuevo núcleo. Al recorrerlo sentí punzadas dentro de mí pensando lo que había leído y lo que recordaba de aquella época en que yo era una joven universitaria recién estrenada. Pensé que si en aquel momento en que yo ya estaba metida en el comité de huelga de distrito hubiera estado en Riaño, también me habría subido a los tejados para intentar impedir su demolición. Hoy la demolición de su iglesia que acabáis de ver me sigue helando las venas, anudando la garganta y encogiendo el estómago.
Es fácil encontrarla si vas de mayo a noviembre a Llánaves, todo el mundo la conoce.

Creo que era una enseñanza de Jesús o algo así, que al pobre no hay que darle pescado para que coma un día, sino enseñarle a pescar para que pueda comer todos los días. De la misma manera, una estación de esquí que deja el impacto y se lleva el beneficio, es el pescado para saciar el hambre de una generación...a costa de las venideras.Los propios habitantes de la zona deberían exigir a la Junta de Castilla y LEÓN que les pusieran los medios para pescar y saciar el hambre y el valle. No es tiempo de llorar, es tiempo de imaginar. Y esos valles tienen potencial en sí mismos. Desde una ruta geológica que atrajera visitantes de toda España e incluso Europa, tanto visitas individuales como colectivas, hasta modelos como lo que están haciendo en El Frago, un pequeño pueblo cincovillés sin más alicientes que el paisaje y el patrimonio, que no tenía nada y no paran de moverse para tener algo y sobrevivir. Y lo consiguen. Sin estación de esquí.
Hay otros modelos. Lo primero que hay que cambiar son las mentalidades, pero la de los mismos montañeses.miércoles, 17 de noviembre de 2010
volver a nacer, volver a vivir, volver a existir
Remansadas ya las aguas mediáticas de los mineros chilenos, ya poca gente se preocupa de la nueva vida de esos treinta y tres hombres. Nueva vida porque decidieron vivir, porque cuando se quedaron ahí abajo optaron por vivir y lo consiguieron.
Siempre he pensado que la mejor medicina es la voluntad de vivir y la peor enfermedad es la falta de ganas de luchar. Eso lo he experimentado muy cerca en ambos sentidos. Y es una lección que no olvidaré jamás. Está presente en mi ánimo. Y es que, como dijo Marcelino Camacho, "cuando uno se cae, se levanta y tira pa'lante". A mí me pasó algo parecido hace casi cuatro años, cuando se me juntaron varias pérdidas y circunstancias adversas, todas prácticamente a la vez. Lo pasé mal, muy mal, hasta que toqué fondo. Y en ese momento casi me alegré porque comprendí que lo único que podía hacer es tirar para arriba. Y eso fue lo que hice. Con ayuda, eso sí, alguna inestimable, pero salí adelante y no sólo eso, sino más fuerte.
Algo así es lo que los psicólogos y afines deben de denominar “longanimidad”. Y hay otro término relacionado: “resiliencia”. La primera vez que me enfrente a estas palabras fue en la carta 10 de un libro, “La buena crisis”, cuyo autor, Álex Rovira, se ha enriquecido un poco más gracias a mí porque no he parado de comprármelo para regalarlo posteriormente. Según el diccionario de la R.A.E., Longanimidad significa “Grandeza y constancia de ánimo en las adversidades”. Por su parte, definen Resiliencia como “Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”. Ahí es nada.

Todos tenemos, en mayor o menor medida, esa capacidad de sobreponernos, de superación y de adaptación, aunque no nos lo creamos. Nos hacemos –o nos hacen- más débiles por miedo o sobreprotección. Esto último es fatal. En esa misma carta, Rovira comenta el caso de las crisálidas de las mariposas, que deben realizar un enorme sobreesfuerzo para romper el capullo y salir a volar. En un experimento científico, se ensayó a romper artificialmente ese capullo y, efectivamente, las mariposas salieron, pero no fueron capaces de volar y, por tanto, de alimentarse, y murieron de inanición. De la misma manera, si a una persona, que no decir de un niño, no le das la oportunidad de enfrentarse por sí misma a la vida, nunca aprenderá, se estrellara continuamente y protector y protegido se encerraran en la cárcel de un círculo vicioso de dependencia-protección, absolutamente nocivo para ambos.
Y es que por mucho que Elsa Punset, en su “Brújula para navegantes emocionales” -del cual extraigo una cita en el lateral- comenta que uno de los cinco lenguajes del amor es a través de actos de servicio, no creo, por mi parte que esto sea beneficioso en la relación porque por un lado crea costumbre y, por el otro no permite desarrollarse a la otra persona llegando incluso a agobiar al ser “querido” si no es eso lo que precisa.
Siendo muy joven, en un acto de rebeldía adolescente, mi padre me quería ayudar y yo le dije que no, que me dejara que me equivocara, que así aprendería del error. Hoy sigo creyendo que es mejor dejar a la gente en libertad, incluso cuando se cae. Claro, claro que se puede ayudar, pero dejando autonomía, dejando que se supere, que deje aflorar esa longanimidad y resiliencia que todos tenemos dentro para que pueda volver a nacer, a vivir, a existir. Más y mejor.
martes, 2 de noviembre de 2010
algo está fallando
Cuando esta mañana he oído la noticia, me he quedado tan anonadada que no he podido reaccionar: una niña había tenido un bebé, aquí, en España, con apenas diez años. El padre también es menor. La niña y su bebé están bien, de momento con la familia y la Junta de Andalucía, que es donde ha nacido la criatura, está estudiando qué hacer con ellos. Me he querido informar más y he descubierto que la niña es de origen rumano y que en 2008 –último año del que se tienen datos censales- hubo 177 partos de niñas menores de quince años. Ahí es nada.
Independientemente de que la nacionalidad de la madre-niña da lugar a proseguir con el tan sobado debate de la sanidad pública española y los extranjeros, y también al margen del entorno social y cultural de esa familia, quedan muchas cartas sobre el tapete; la primera, la precocidad de esos críos. No es habitual que las niñas estén en condiciones de quedarse embarazadas con tan solo diez años, pero sí es cierto que basta con darse una vuelta por cualquier colegio de primaria para ver que hay alumnas de 5º y 6º francamente desarrolladas, con lo que este riesgo entra dentro de lo posible.
Pero hay un hecho aún más arrollador y son esos 177 casos, esas 177 niñas arrancadas de su infancia o que la abandonaron demasiado pronto. Y cabe preguntarse por qué, qué hay detrás de estas vidas que se saltan la adolescencia para caer de bruces en la madurez que supone educar un hijo. Un hijo, de carne y hueso, no un muñeco con caquitas de barro. No me considero mojigata, ya lo sabéis, pero veo a mi alrededor cómo es difícil vestir a una niña de niña, cómo desean parecerse a esas “Hanna Montanas” o “patitos feos” que luego sabemos que no lo serán y formar parte de una pandilla de “divinas”, cómo escuchan músicas de letras explícitas y cómo siguen con avidez series de televisión situadas en institutos en los que pasa de todo y con toda naturalidad. Y esas personalidades en formación son auténticas esponjas que absorben lo que les rodea sin pararse a seleccionar, lo mismo da sucia agua de fregar que la de la más cristalina de las fuentes.
En la era de la información falla la información por exceso de información. Delegamos o relegamos el momento y la manera de hablar con nuestros hijos y no sabemos por dónde empezar porque nos dan cien mil vueltas. Además, piensan, cómo les vamos a hablar nosotros de sexo si para ellos somos unas antiguallas de cuarenta años que ni nos acordamos de cómo se hace, que eso es cosa de cuerpos jóvenes y atléticos y no de sus ojerosos padres. Falla la comunicación y los mensajes llegan por canales inadecuados. Y luego nos tenemos que lamentar de esas 177 vidas refractadas o enzarzarnos en interminables debates sobre el aborto. Es todo tan delicado…
martes, 19 de octubre de 2010
alegría
"La alegría no tiene precio. No existe trabajo, ni esfuerzo, ni culpa, ni problemas, ni pleitos, ni siquiera errores que no merezca la pena afrontar cuando la meta, al fin, es alegría"Almudena Grandes, "El corazón helado"
Porque la alegría, es un bien escaso últimamente. Son caras las sonrisas. A mí misma me ha pasado. La gente que me conoce bien lo sabe. He pasado unos días malos, muy malos, en los que me apetecía cualquier cosa menos sonreír. Os agradezco todo lo que me habéis ayudado y os pido perdón por las preocupaciones que os he causado. Me he dejado llevar, por el desánimo, la tristeza y el pesimismo. Y lo peor es que me daba cuenta, sabía que no tenía que recorrer ese camino, y ahí estaba yo, sin brillo sin energía, apagada. Sin ni siquiera escribir.
Sin embargo, esta noche me ha llegado un comentario de alguien que no conozco y que me ha dado las gracias por escribir y que le hacía sentir que trocitos de su vida merecían la pena. Gracias a ti, Vitorio. Y gracias a los que a pesar de mi mutismo de los últimos meses –he llegado a pensar en cerrar el blog- seguís ahí cada mañana buscando una novedad que no prolifera. O lo visitáis de vez en cuando para ver si ha pasado algo en la cibernada.
Gracias a vosotros, que estáis ahí, y me dibujáis una sonrisa en la cara. Y cambia el ánimo y se enciende la luz, y comienzas de nuevo a brillar. Y las cosas cambian, o no, pero las miras de otra manera. Y te sientes con fuerzas para encarar los días.
Gracias a los que, de una manera u otra me queréis porque me dais energía. Por lo menos tanta como para devolveros vuestro amor y amistad.
A la cara perfecta de mi hijo cuando duerme.
Al abrazo y "apierno" de mi hija cuando se despierta
A la sonrisa que me ilumina algunas mañanas
A las otras sonrisas cotidianas
A la sorna en la oficina
Al cariño de mi familia
A la felicidad de mi hermana francesa
A los más que amigos que me acogen y que me impulsan
A los amigos que se acuerdan de mi cuando me envían correos
A los que me contestan cuando los envío yo
A los que llaman
A los que vienen
A los que no hacen nada de eso pero están.
A los que habéis trabajado conmigo
A los que me habéis enseñado
A los que me habéis escuchado
A los que me habéis leído
A los que pensar en vosotros me hace sentirme feliz
domingo, 19 de septiembre de 2010
somos
Hoy, escuchando la radio, viendo los telediarios nacionales o leyendo las noticias, me he dado cuenta de que ese señor era más que importante, era único. No quiero ser injusta pero pareciera que en esta tierra te tienes que morir para que te reconozcan. Y somos tan pacatos, que teníamos un himno y tuvimos que inventarnos otro. Y hoy todos reclamamos que ese canto a la libertad que llevamos en el corazón y que a todos nos emociona cuando lo cantamos/escuchamos sea por fin la canción que nos represente a todos los aragoneses, ese regalo magistral que nos hizo Labordeta hace muchos años y que ya va siendo hora de que se lo agradezcamos.
(Y sí, ya sé que os debo muchas entradas y estoy en ello, pero ésta me ha salido de las entrañas)