martes, 8 de marzo de 2011

364 días más


Como todos los años volvemos a escuchar la misma letanía de las diferencias salariales entre hombres y mujeres, la reivindicación del trabajo de ama de casa o el gran número de universitarias y poco de catedráticas. Siempre igual. Todos los años lo mismo. Un día, a lo sumo unos días previos, en el que el cerebro se nos tiñe de violeta. El nueve de marzo vuelve a ser tan gris como siempre, y ya somos un asunto tan viejo como el periódico del día anterior. Hemos fagocitado la noticia un año más, cumplido el ritual. Vamos a mirar el calendario para ver cuál es el siguiente día internacional, europeo, nacional o de mi barrio que toca. Y volveremos a hablar –mucho- de ese tema. Hasta agotarlo un año más.

Para vuestra información y que os vayáis preparando, os dejo este enlace de los distintos días “especiales” para algo: http://www.diainternacionalde.com/ O sea, que nos vamos a olvidar de las mujeres para al día siguiente estar centradísimos en los riñones, que olvidaremos pronto para hablar mucho, pero mucho, de las víctimas del terrorismo, con su correspondiente aciago aniversario. Y pasaremos día y página y lo más importante será los riesgos del glaucoma… y así nos iremos comiendo el mes y el año, volcándonos como locos en diferentes temas para olvidarlos al día siguiente en una suerte de amnesia colectiva tan apabullante como dirigida.

Y mientras las mujeres trabajadoras seguiremos batallando cada día por nuestro trabajo, nuestros hijos y nuestra vida, tragándonos angustias y alegrías porque hay que estar ahí aguantando mecha y echándole esos órganos masculinos que biológicamente nos faltan pero que en sentido figurado no hacemos más gala de ellos porque nos parece tan natural que no necesitamos hacer ostentación. Porque ésa es la clave: Para muchas de nosotras es natural levantarte cronometrando tu vida y pensando en cómo compaginar y poder hacer varias cosas a la vez. Llevamos grabado a fuego un cronograma interno en el que se superponen las tareas para aprovechar el tiempo al máximo. Y cuando llegamos a casa, solas o acompañadas por nuestros hijos, no nos tiramos en el sofá a descansar zapineando, sino que aún no nos hemos quitado el bolso y entramos en la cocina a que se vaya calentando el agua para hacer la comida o calentando algo en el microondas o poner la lavadora, o recoger la ropa del tendedor o llenar la bañera para los niños o…

Lo ideal sería que no existiera este día, q no hiciera falta reivindicar lo que debería ser una realidad, que las mujeres existimos, somos visibles más allá de una apariencia y que no es que seamos iguales, que afortunadamente no lo somos, a los hombres, pero somos capaces de trabajar de la misma manera igual que ellos. Y ellos, salvo parir, pueden hacer lo mismo que nosotras. Lo dicho, ojalá no existiera este día porque querría decir que todo es normal.


sábado, 26 de febrero de 2011

¡a la mierda!



Si ilustres como Fernando Fernán Gómez o nuestro Labordeta hicieron famosa esta expresión cómo no la íbamos a gritar ahora con la que está cayendo.



La tercera edición del festival Buena Chen reivindicaba este grito para mandar a la mierda a todos los que han creado esta crisis que nos agobia a casi todos pero que han creado unos pocos, los cuales casi ninguno está agobiado, casi al contrario. Además en esta edición colaboraban con la Asociación para la recuperación de la memoria histórica de Aragón. También apoyaban otras causas rebeldes y solidarias, para que duren estos proyectos solidarios. Yo pensaba que ojalá no duren estos proyectos solidarios, pero porque ya no sean necesarios.


Así que esta mañana la plaza San Bruno estaba animada con el Teatro Arbolé, la Orquesta de Cámara del Bajo Aragón, Oregón TV y Ritmos de Resistencia (curioso mix, la verdad). Yo sólo he llegado a la batukada y a la orquesta de Alcañiz, pero la verdad es que había ambiente. Lo dicho, razones nos sobran.



Pero no eran sólo razones políticas, económicas o sociales las que me movían a ese grito colectivo. Yo llegaba también cargada, muy cargada con mis razones personales, como si alguien hubiera hurgado en mis sentimientos y en mis pensamientos y hubiera sacado de mi cerebro el grito ahogado que me acompaña en este largo mes de febrero. Llegaba cargada de “alamierdas” por mi trabajo, o más bien por su escasez tendente a ausencia. Llegaba cargada de “alamierdas” por Hacienda, ya os conté. Cargaba “alamierdas” por la sensación de que, mira que hay gente en el mundo y momentos en la vida y tienen que venir a mi oficina en este momento a intentar robar. Pero sobre todo cargaba “alamierdas” gordos y brillantes por una situación personal que me tiene abrumada y derribada, que ha borrado la sonrisa de mi cara y que me hace incluso plantearme si esta es la madre que necesitan mis hijos.

Y es que hay una frase que creía exiliada de mi diccionario personal que, sin embargo, ha vuelto con intención de instalarse: “No soy capaz”. Soy buena profesional, pero no soy capaz de mantener y mantenerme con mi actividad. No me siento capaz de sacar a mis hijos adelante con la alegría y dedicación que ellos se merecen. Y no soy capaz, una vez más, de cristalizar el amor que siento. Más bien al contrario, se vuelve a romper como el cristal que nunca ha sido. Una vez más. Me siento como un rey Midas a la inversa en esto del amor, que todo lo que toco, se convierte en barro. Y se deshace. Y me deshace.

Es entonces cuando vuelvo mi cara al río, grande y poderoso. Pedaleo en mi bici junto a él, a toda hostia, con paisaje, sin cunetas pero con orillas. Con el viento frío azotando mi cara. Y el río me acompaña, me mira -lo veo- y me llama:




River's Invitation
(P. Mayfield)

I've been all across the country
And I've stayed in every town
Because I'm trying to find my baby
But no one has seen her around
And you know which way I'm headed
If my baby can't be found

I spoke to the river
And the river spoke back to me
It said man you look so lonely
You look full of misery
And if you can't find your baby
Come and make your home with me

Well, I don't want to leave her
Because I know she's still alive
And someday I'm going to find her
And I'll take her for a ride
And we'll spend our days forever
In our home beneath the tide

Gracias, Blue Bayou por presentarme esta canción.


jueves, 17 de febrero de 2011

de dragones y espinos



Desde pequeña ya era distinta. Recuerdo que me llevaron a ver la película “La bella durmiente” cuando apenas tenía cuatro o cinco años y me impactó mucho. Después no hacía sino hojear y hojear el libro hasta que sus imágenes quedaron grabadas a fuego en mi memoria. No sabía hasta qué punto. Yo no quería ser la princesa que espera durmiendo a que llegue su príncipe a despertarla a la vida. No, yo no sirvo para eso. Yo quería ser el príncipe valeroso que con su espada de la verdad avanzaba por el bosque de espinos y se enfrentaba al dragón en el que se había convertido Maléfica. Y ahí sigo.

Desde pequeña ya era distinta. Desde siempre fui diferente, la bizquita, la zurdita, la chicazo, la poeta metida a ciencias, la geóloga metida a restauradora (o así), la rebelde, la independiente, la emprendedora, la autónoma, la impagada, la divorciada, la madre sola, la enamorada, la rechazada, la vuelta a enamorar, la vuelta a rechazar. La caída, la levantada... Elegí -o tomé- el lado difícil de la vida y estoy harta de partirme la cara con ella una y otra vez. Como el príncipe en el bosque de espinos.

No, la vida no me está resultando fácil. Debería sentirme afortunada por ello porque eso enriquece. Pero estoy cansada. Incluso muy cansada. Tengo la sensación de que mi vida, mi precaria vida, lo que he conseguido construir en estos años se vuelve a desmoronar. Me siento como un castillo de arena junto a la orilla del mar, erguido, con su foso de defensa, sus puertas y sus esbeltas torres con chorreritas de arena semilíquida y todo. Tan bonito. Hasta que llega una ola y lo empieza a horadar y llega otra y sigue el trabajo emprendido por la anterior. Y así, hasta que se derrumba y tan sólo queda un pequeño montón de arena informe. Y vuelta a empezar, pala en ristre, a construir. Hasta la próxima ola. O el próximo dragón.

Mi penúltimo dragón se llama Hacienda. Del último no hablo porque decidió salir de mi vida. Hace pocos días saltó la noticia de que la Agencia Tributaria iba a ir contra los profesionales que metían excesivos gastos y mostraban signos exteriores de riqueza no acordes con sus ingresos declarados. A pesar de que mi coche tiene casi once años, conmigo ya ha ido entrenando. Yo soy una de esos profesionales autónomos. Además, y sobre todo, soy madre, madre que cuida y ama a sus hijos y pretende educarlos con responsabilidad. Ello pasa por pasar tiempo, tiempo de calidad con ellos. No eché hijos al mundo para que los críe otra persona. Y por ello elegí trabajar parte de mi jornada desde casa, entreverando mis deberes con los suyos. Además tengo un local donde tengo instalado el laboratorio que ni me cabe en casa ni puedo tenerlo habiendo niños. En definitiva trabajo en ambos sitios en un intento de conciliar mi vida laboral y familiar.

Pero además trabajo en restauración de monumentos. Y, aunque me llevo muestras a mi laboratorio, creo que a la gente le sabe mal que desmonte sus catedrales y me las lleve a casa para no tener que desplazarme a trabajar. Además, el local –y también mi casa- es pequeño y no me caben. De manera que no me queda más remedio que desplazarme hasta donde estén, lo cual conlleva tener que coger el coche y, muchas veces, más de las que me gustaría a mí, comer fuera. Bien es cierto que cuando he tenido suerte de trabajar en mi ciudad he procurado echarme la mochila al hombro e ir en bicicleta, más barato, sano y respetuoso con el medioambiente.

Pues bien, para la Agencia Tributaria todos estos argumentos no valen. Y considera que estoy defraudando al meter los gastos de desplazamiento y manutención cuando voy a una obra o cuando meto los gastos de luz e Internet por trabajar parte de mi jornada en casa, mientras cuido a mis niños y mando informes en pdf.

Y de esta manera, me reclama una cantidad que no soy capaz de pagar, porque, estamos en crisis y el trabajo ha flojeado. A mí nadie me da ayudas por pérdidas de beneficios, nadie me convoca a Moncloa a pedirme mi opinión para buscar soluciones para la crisis. De mí sólo se acuerda el gobierno para exprimirme un poco más y así poder ayudar a esos grandes empresarios que nos han llevado a la crisis. Y tengo que pagar más por trabajar.


No estoy por la labor, no me quedaré de brazos cruzados. Voy a seguir luchando contra el dragón, en los tribunales, por aquello que considero justo y veraz. No me quedaré dormida esperando a mi príncipe. Ése nunca llega. Nunca se quedan junto a las mujeres diferentes.

viernes, 11 de febrero de 2011

robin hood 2.0


Un buen amigo me envío el otro día este enlace: http://www.intermonoxfam.org/es/page.asp?id=3801 Es curioso, porque yo hacía tiempo que empezaba a pensar que en la situación actual sería necesario una actualización de Robin Hood. Y esta gente de intermon oxfam, una de las ong’s más serias que conozco y en la que colabora este amigo ha tenido la misma idea y han lanzado esta campaña.

Es verdad, la crisis la causan unos y las pagamos los demás por partida doble, con nuestro trabajo o carencia de él y con nuestros impuestos para rescatar a esos que han causado la crisis. ¿Y a nosotros? ¿Quién nos rescata a nosotros? Os copio una carta que publiqué hace más de dos años en algún medio de comunicación y que sigue tan vigente (salvo lo del Cachuli, que encima ése, con lo que ha robado, ya está en libertad, condicional, pero libertad):

Disculpen un momento.

Disculpen un momento si no entiendo nada, pero es que yo no soy experta en economía. Sé lo justito para sobrevivir y que no me engañen demasiado. Y ése es el problema.

Estamos rodeados por la crisis. Abrumados por la crisis. Levantas una piedra y hay crisis debajo. Todo es crisis. Y como todo es crisis, todo vale. O no.

Durante años hemos asistido a una obscena ostentación de las ganancias de los bancos y los banqueros que se repartían beneficios y stock options” sin pudor y sin parar, mientras nosotros, ciudadanitos de a pie, pagábamos comisiones indecentes porque el bancario de turno nos dijera “buenos días”. Y ahora llega la crisis, y esos “pobres” banqueros están viendo como sus otrora pingües beneficios decrecen alarmantemente e incluso –dicen- tienen problemas de liquidez. Asistimos ahora al desfile de bancos en apuros en Estados Unidos y Europa –no he oído nada de las Islas Mauricio y otros paraísos fiscales- acompañados por inmobiliarias y constructoras que han amasado fortunas a costa de nuestras viviendas, derecho constitucional, con la misma habilidad con la que sus albañiles amasaban mortero.
Y ahora saltan los gobiernos, el nuestro, en concreto con que les van a insuflar aire a base de miles de millones de euros.

A ver. Esos miles de millones de euros, son míos, suyos y del señor que se está tomando un café ahí al lado. Provienen de nuestros impuestos que nadie nos ha perdonado ni un solo día y ojo como no pagues. Y ahora tenemos que salir a salvar a esa pandilla, cuya liquidez está más asegurada que la del agua marina que rodea esos paraísos fiscales. Y mientras tanto, si mi nanoempresa va mal, nadie va a salir en mi ayuda y me va a dar mi correspondiente balón de oxígeno, sino que tendré que pagar hasta el último euro, o me iré a hacerle compañía a Cachuli, pero en celda de clase turista, claro.

Que no nos engañen más, por favor. Basta ya.

miércoles, 2 de febrero de 2011

un paso adelante






Ayer estuve escuchando una entrevista que le hicieron a Luz Casal con motivo del concierto que va a dar en el Madrid Arena coincidiendo con el Día Mundial contra el Cáncer. Lo de esta mujer es increíble. No le han faltado los motivos para derrumbarse, seguramente lo haya llegado a hacer en algún momento, pero ahí sigue ella, luchando por partida doble contra el cáncer dando un paso adelante mirando al futuro, pero con taconazo. Poniendo un punto y seguido en su vida, porque la vida está llena de puntos y seguidos. Y algún que otro punto y aparte.

Sí, la vida está llena de puntos. Y cada punto es un cambio. De puntos y seguido y de punto y aparte. Punto final sólo hay uno. Cada uno va escribiendo su propia vida, igual que yo escribo ahora este texto. Frase tras frase. Fase tras fase. Y de vez en cuando cae un punto y se sigue, se da un paso adelante. Se sigue escribiendo la vida. Llena de puntos. No hay nada más infumable que un texto consistente en una frase sin puntos. Pues lo mismo.

Ya os lo comenté hace tiempo: la vida está llena de cambios. Y lo estamos viendo ahora mismo con la situación de Túnez y Egipto. El siguiente artículo de Miquel Roca i Junyent es esclarecedor, no sólo respecto a lo que está ocurriendo en Egipto (cada vez más grave) sino en nuestras propias y pequeñas vidas:

http://www.lavanguardia.es/opinion/articulos/20110201/54107954555/apoyar-el-cambio.html

Hay en él dos frases que deberíamos enmarcarnos y ponérnoslas enfrente de nuestra cama para verlas todos los días nada más despertarnos:

“el deseo de libertad y dignidad es más importante. Lo que falta por recorrer será duro, largo y difícil; pero el camino se ha iniciado y ya no hay vuelta atrás.” “Lo sensato es apoyar el cambio.”

Casi nada: libertad, dignidad, cambio. Grandes palabras todas en una frase. Además dice que será duro, largo y difícil. También son grandes palabras. Pero no debemos temerlas porque sólo hacen referencia a un momento del proceso, no al resultado de ese proceso. Los cambios suelen ser duros, a veces largos y normalmente difíciles, pero siempre, siempre son un paso adelante.

¿Seguimos andando?

miércoles, 26 de enero de 2011

torrero-túnez


No quieren a los medios de comunicación. No es fácil salir. Hace años tampoco lo fue. Abren, asoman la cabeza y miran a ver si hay alguien grabando. Día sí, hora también tienen una cámara, del tipo que sea, acechando. Porque son carnaza, son de lo que toca hablar ahora. Porque mientras la gente esté entretenida con parte de la historia, no se enteran de lo que realmente es importante, ya lo señaló Chomsky. El Centro Social Okupado Kike Mur presenta un aspecto poco halagüeño, la verdad. Me comentan que habían trabajado mucho y estaba bastante acondicionado, pero que la policía lo destrozó todo durante el desalojo. Ahora están otra vez rehaciendo lo deshecho. Si me dicen hace años que iba a entrar en la cárcel de Torrero motu propio, me habría entrado la risa floja. Y sin embargo ahí estaba yo encaramada a una valla gritando para poder acceder.

No quieren a los medios de comunicación y es lo primero que me preguntan cuando me asomo: “¿Quiénes sois?” “Soy yo”, les contesto. El poder de las palabras. No me conocen de nada pero me abren la puerta. No quieren a los medios, quieren que yo, tú todos vayamos y hablemos y lo veamos. Que no okupan para vivir (aunque ahora están las 24 horas por temor a otro desalojo) sino para ofrecer otro modelo de actividades sociales y culturales, de ocio, tiempo libre, abiertas a la gente, fundamentalmente al barrio de Torrero. Y el barrio ha respondido, no sólo acudiendo sino apoyándolos después del desalojo, en la reokupación. Son jóvenes valientes –mi interlocutor había dejado un trabajo indefinido en un “buen puesto” porque no veía claro que era eso lo que quería para su vida- que se han lanzado por el “otro lado”. Y anima pensar que no todo está perdido, como comentábamos en la entrada anterior. Pero no son todos jóvenes. También hay gente de cincuenta y tantos que sigue creyendo que otro mundo es posible y ahí están, a golpe de martillo reconstruyendo los destrozos. Y otros con hijos pequeños. Entra más gente, todo el mundo toca ese curioso timbre, se identifica y ponen cara de extrañeza al verme allí. No quieren a los medios, pero yo soy yo.




















El poder de las palabras. No quieren a los medios porque dicen que tergiversan su postura y que lo único que quieren es la instantánea del okupa abriendo la puerta. Proponen su propio canal de comunicación: http://okupa.noblezabaturra.org/ pero al leerlo no me he sentido decepcionada porque ya me lo esperaba. Tienen razón en que los medios manipulan, nos manipulan, pero no es muy diferente de su discurso. Entiendo que no quieran a los medios, pero creo que sería necesario un lenguaje más objetivo, menos tendencioso para hacer llegar su mensaje a más gente. Al fin y al cabo una página web también es un medio de comunicación. Sí, les entiendo, pero no dejar entrar a los medios no es muy diferente de la censura informativa de regímenes dictatoriales. Y me da pena, porque ellos no son así.

Son jóvenes valientes. No todo está perdido. Y lo estamos viendo en Túnez, donde han sido precisamente los jóvenes, los que desde abajo han conseguido derrocar un gobierno. Y se está contagiando a Egipto. El poder de las palabras. Cuando he ido a buscar en google más información sobre Túnez me he dado cuenta de que en función de lo que escribiera, los resultados serían distintos: “Túnez disturbios,” “Revuelta en Túnez” “Revolución Túnez”…



http://www.elpais.com/articulo/internacional/revuelta/popular/Tunez/fuerza/salida/Ben/Ali/elpepuint/20110114elpepuint_5/Tes

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/01/110118_tunez_y_occidente_lf.shtml

http://www.pizcos.net/2011/01/el-poder-de-las-redes-sociales-en-una.html

Torrero-Túnez, son ejemplos de que somos NOSOTROS, tú, yo, y los que son como tú y como yo, los que podemos cambiar las cosas, sólo hay que empezar. En Egipto ya lo han hecho: http://www.heraldo.es/noticias/internacional/duros_enfrentamientos_las_calles_cairo.html

martes, 18 de enero de 2011

indignez-vous!



En los últimos días he tenido la oportunidad de escuchar y leer sobre este breve libro publicado por un nonagenario diplomático francés, Stéphane Hessel. Lo que he sabido sobre él me ha emocionado. No deja de ser sorprendente, a la par que lógico que sea un hombre de más de noventa años el que llama a la indignación, a la resistencia, al compromiso; en definitiva, a la defensa de la dignidad humana. Sorprendente porque lo hace refiriéndose sobre todo a los jóvenes, adormecidos en términos generales. Esos jóvenes sin futuro resignados a ser la generación perdida porque así lo han preconizado los medios de comunicación manejados por el poder económico. Y lógico porque pertenece a una generación, casi una casta de personas que han vivido de todo y han luchado por todo, que han combatido y han conseguido ganar en algunas ocasiones. Para esa “quinta de luchadores” ver y sufrir la apatía de los tiempos que corren con la que está cayendo, tiene que ser desesperante. Y claro, indignante.

Y aquí lo estamos viviendo con especial crudeza. Los políticos, no lo sé, pero algunos de sus asesores no son tontos y saben que el españolito medio es discutidor y perezoso por naturaleza y de esta manera nos mantienen entretenidos defendiendo encarnizadamente nuestras posturas sobre si fumar en los bares o no. Mientras, nos van inculcando una tristeza generalizada sobre las perspectivas económicas para que al final nos dé igual todo y hagan lo que les dé la gana. Y para que no empecemos a volar en caída libre desde los alféizares nos ponen algún partido de “héroes” millonarios dándole patadas a un balón o miserias de pseudovips para distraernos un poco. Es perfecto.

La crisis creada por los medios financieros la estamos pagando los trabajadores, por cuenta ajena o autónomos, lo mismo me da, mientras los bancos y las grandes empresas –que siguen teniendo beneficios, pero menos- reciben ayudas estatales; o sea, de nuestro dinero. O sea, que estamos pagando la crisis por partida doble. Y nadie dice nada. Nos lo tragamos todo, sobrevivimos con nuestras pequeñas angustias y seguimos discutiendo sobre el humo, el Barça o la Esteban (sigue en el “candelabro” ¿no?). Y nadie da un puñetazo en la mesa y dice “Hasta aquí hemos llegado”

Porque sí, hasta aquí deberíamos llegar, como en Túnez, donde pro fin alguien, los jóvenes, se han despertado y han salido a la calle a gritar que quieren comer, que quieren futuro. Ha sido doloroso, sí, pero han apagado la consola y se han levantado de sus sillas.

Tenemos más y más rápida comunicación que nunca. Jamás había sido tan inmediato preparar un “salto”. Adolecemos de exceso de información e incluso dicen que son la generación más preparada (eso también habría que discutirlo, como el tabaco). No tienen presente ni futuro. Ni siquiera los que vamos por delante de ellos lo tenemos. Ni los que van por delante de nosotros. ¿Cómo podemos, pues vivir en una sociedad sin presente ni futuro ni para nosotros ni para nuestros hijos y no decir nada? Estamos aletargados, embobados. De humanos sólo nos queda la apariencia, porque la capacidad de discernimiento, el sentido crítico hace tiempo que murieron de pena.

Quiero confiar en la especie humana, quiero pensar que podemos despertar y cambiar, que nuestra participación en nuestra vida no se restrinja a ir o no a depositar un voto en una urna. Que podemos, debemos exigir responsabilidades y tomar decisiones, que no podemos dejar que la crisis del capitalismo la solucione el capitalismo, que los políticos de ahora sean los patrones del futuro, y que los patrones de ahora les dicten a los ponen la cara para gobernar lo que tienen que hacer. No, vamos a recuperar aquel lema: Basta ya.