Hoy ha salido el Sol. Y el cierzo. Parece un marzo normal, aunque ya no sé qué va a ser normal a partir de ahora. Quizás tendremos que acostumbrarnos a decir "un marzo como los de antes" y marcar nuestras vidas con a.CV. y un d.CV.
Pero lo importante es seguir adelante, estar y empeñarse en estar. Lo mejor posible. En casa. Viendo, por fin, el azul del cielo.
El Sol sigue sin salir. Mejor, aunque el frío de las mañanas empieza a aburrir. Ayer, cuando fui a la oficina me puse las gafas oscuras por placer, más que por necesidad. Pero aquí estamos, rodeados de grisura.
Hoy he vuelto a oír a los pájaros. Creo que cada día hay más y distintos. Al final aprenderé a distinguirlos. Sin embargo, en el silencio y la soledad, me ha dado la sensación de que hoy se oían más coches por el tercer cinturón ¿Nos estaremos relajando? No podemos todavía. Es duro, dicen. Lo peor está por venir, dicen. Hay que aguantar, dicen. Lo dicen quienes saben. Pues como en mi pueblo, Ajo y agua.
Habrá gente que, como dijo un día el presentador de aquel programa "Sé lo que hicisteis", Ángel Martín, se van a dedicar este tiempo de confinamiento a ver crecer las lechugas. Yo me estoy dedicando a ver brotar las hojas de los árboles. Es un espectáculo sorprendente. Parece como si realmente de la noche a la mañana, las ramas desnudas se hubieran llenado de un frondoso verde incipiente y rabioso.
Entre tanto, la calle sigue siendo de los pájaros. Puede que aprenda a distinguirlos. ¿alguien me ayuda?
Suma y sigue. Ya sabemos que por lo menos son dos semanas más. Otro lunes de silencio, quedan los pájaros, felices de recuperar su hábitat. Tal vez debería ser así , un periodo de confinamiento y reflexión sobre nuestro papel en el planeta, nuestra presunción. Nos pensamos que somos los amos del Universo, y un ser submicroscópico que ni siquiera pertenece al reino animal, mónera, según la clasificación clásica de los cinco reinos, ha confinado a la Humanidad, nos tiene muertos de miedo y preocupación y está provocando bajas a un ritmo pavoroso. Deberíamos hacérnoslo pensar...
Sí, lo mejor es tomárselo con calma, como la que me he tomado yo para publicar este post. Ayer casi no me acerqué al ordenador, preferí vivir la vida offline, hacer como un domingo cualquiera y dedicarme a mi casa. Es importante seguir esas rutinas. No es cuestión de volverse loca.
Ya llevamos una semana mirando el mundo desde las ventanas. Los más afortunados tienen un pequeño jardín donde explayarse, como mis vecinos de enfrente.
Llevamos una semana de standby, todo un país, un continente ¿medio planeta? esperando mejores tiempos... que no sé si lo serán, sé que serán distintos. De esto no sale una sociedad igual a la que había hace un mes. No sé adónde vamos, pero, sí, sé que será distinto.
Entre tanto, el día mundial de la poesía se ha manifestado a través de los brotes verdes, estos de verdad, de la higuera de enfrente.
Parafraseando a esos famosos grandes almacenes, ya es primavera en el hemisferio norte. Este año, con eso de ser bisiesto, ha llegado un día antes. Concretamente, ha comenzado oficialmente esta madrugada, a las a las 04:50 hora oficial peninsular española (una hora menos en Canarias). Durará 92 días y 18 horas y terminará el 20 de junio con el comienzo del verano.
La primavera es inexorable, como escribió Pablo Neruda. Y hoy ha empezado a salir un tímido y aún frío Sol. Tal vez para contrarrestar los datos que nos abruman. Tal vez para subirnos el ánimo a través de ventanas y balcones. Tal vez, simplemente, porque la Naturaleza, la Tierra, el Universo entero, siguen su curso, más allá de las preocupaciones humanas, que al fin y al cabo solo somos una especie (invasora, eso sí) de los millones que hay en un planeta de un recóndito sistema solar en una zona distal de una de las muchas galaxias.