viernes, 23 de diciembre de 2011
lunes, 5 de diciembre de 2011
miércoles, 30 de noviembre de 2011
una noche como hoy
hace setenta y cinco años:
“el Jefe Superior de Policía de Zaragoza mandó una carta a la cárcel de Torrero para que soltasen al meteorólogo Odón San Emeterio y a Manuel Marín Sancho. La carta estaba firmada el 30 de noviembre, pero no llegó a su destino. Esa misma noche ambos, con otros muchos, fueron ejecutados.”
Éste es un fragmento de un artículo que escribió Antón Castro para el Heraldo de Aragón en 2008 después de una entrevista que les hizo a mi padre y a mi tía. El artículo completo lo podéis encontrar en http://antoncastro.blogia.com/2008/041203-memoria-de-manuel-marin-sancho.php
A mi abuelo lo mataron una noche como hoy, en 1936, con treinta y siete años. Recuerdo que cuando yo cumplí esa edad, me daba casi vergüenza si comparaba mi vida con la de mi abuelo: Yo no había hecho nada. Mi abuelo a esa edad en que no se evitó su muerte había sido: “Escritor y periodista. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Zaragoza (1923). Doctor en Lengua y Literatura Española. Desde 1925, profesor ayudante de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza y archivero segundo del Ayuntamiento. Académico de Bellas Artes de Zaragoza (1928). Miembro de la junta de gobierno de la Real Sociedad Aragonesa de Amigos del País. Primer presidente del Centro Naturista Helios. Medalla del Centenario de Goya (premio de la Academia de Bellas Artes de Zaragoza). Director-fundador de la revista Aragón del SIPA. Fundador y presidente de la Agrupación de Autores Aragoneses (1933). Creador de la agencia “Ebro Prensa”. Autor de obras dramáticas estrenadas en el Teatro Principal de Zaragoza. Director de la revista “Amanecer” y redactor y colaborador (críticas de literatura y arte) en diarios y revistas de Zaragoza y Madrid. Miembro de la misión universitaria de Zaragoza a la Universidad de Bonn (1929), ostentando también representación del Ayuntamiento de Zaragoza. Ponente en comisiones de estudios sobre varios temas como el Canfranc, San Juan de los Panetes, etc.”. [F.M.P.H.]. GRAN ENCICLOPEDIA ARAGONESA, apéndice I, p. 268. UNALI Zaragoza 1983
También lo describe como “hombre polifacético y alegre, que con el mismo entusiasmo cumplía su trabajo en el Ayuntamiento, daba sus clases en la Universidad o realizaba su labor periodística” y termina señalando lo que ya sabemos: “fue fusilado en diciembre de 1936 por su pertenencia a la masonería”. Sí ése fue su pecado, ser masón. No quiso meterse en política a pesar de habérselo propuesto personajes tan ilustres como Diego Martínez Barrio. Y él lo rechazó. Sólo fue una buena y activa persona. Ah, y masón, que no se nos olvide, lo cual a los ojos de aquellos que determinaron ser semidioses que juzgaban y jugaban con la vida de los demás le confería una suerte de color rojizo, cuernecillos, barba picuda y rabo lanceolado.
Lo mataron y luego, a misa a confesar. Pero la hipocresía no quedó allí. En el archivo de Salamanca se puede consultar el expediente sobre su muerte en el que se puede leer: "Falleció y fue autopsiado en el día de hoy, a consecuencia de fractura de cráneo y hemorragia interna, según resulta de certificación facultativa y reconocimiento practicado". Sí, las balas fracturan el cráneo, es obvio.
A mi abuelo, por lo menos sé adónde ir a recordarlo y ponerle unas flores; no terminó en una fosa común de contenido y ubicación incierta. Pero pertenece a esa nómina de vidas brillantes cercenadas por el odio y el sectarismo. Para que siga vivo, sólo me queda conmemorarlo en estas líneas.
Porque nadie desaparece del todo mientras haya alguien que le recuerde, mientras haya alguien que le quiera.
domingo, 20 de noviembre de 2011
respeto al futuro
Su voto es su legado, y hemos de aprender de él y no conformarnos con lo que elijan los demás sino opinar nosotros también. Su voto es la herencia que nos deja a la sociedad, pero que ha de ser administrada por los políticos que nos representan.
Y esa es su mayor responsabilidad. No somos números, somos personas, y como tales nos han de considerar a la hora de gobernar. No somos peones de un gran tablero de ajedrez, seguimos siendo personas, con nuestras vidas y nuestras historias, igual que ellos y sus familias.
Han dado muchas manos estos días. En cada una de ellas había un calor distinto. Que no olviden que gobiernan para hombres y mujeres, aunque algunas de ellos ya no existan.
La vida es muy corta, aunque se escape a los 96 años, si no puedes vivir tus ilusiones.
jueves, 20 de octubre de 2011
por fin
Mis hijos solían jugar en el memorial del parque de la Esperanza, el que se levantó en recuerdo de las víctimas, sobre todo los niños, del atentado contra la casa-cuartel de la avenida Cataluña del 11 de diciembre de 1987. Recuerdo que era viernes. Acabábamos de volver de una excursión de la carrera y estábamos en el bar de matemáticas escuchando atónitos la noticia. No podía ser aquí no. Aún teníamos reciente el atentado contra el autobús militar de enero en San Juan de los Panetes -que de aquello la iglesia no ha levantado cabeza, ni torre- y Zaragoza volvía a ser triste protagonista de un atentado de E.T.A. Y no sería la última vez, pero aún no lo sabíamos. Tuvimos miedo, comprendimos el miedo. Pero no entendimos nada más. Después, recuerdo que lloré cuando asesinaron a Miguel Ángel Blanco, que me quedé estupefacta con el disparo a Tomás y Valiente. Después, recuerdo que en el verano de 2000 no paraba de ir a la plaza del Ayuntamiento de Alcorisa con mi hijo en su sillita a demasiados minutos de silencio por demasiadas vidas silenciadas en tan poco tiempo. Después, recuerdo escuchar por la radio, el 3 de diciembre de 2008 el atentado de Ignacio Uría mientras yo iba por la autopista vascoaragonesa camino de Santander. Otra vez la incertidumbre, No sabía qué me encontraría en el camino.
Y tantos otros, tantas otras historias truncadas. Hasta hoy que, por fin, parece que vemos el final de la serpiente. Hoy tenemos los ojos abiertos con desmesura. Por la mañana contemplábamos el posible fin de una guerra y por la tarde el de otra. A veces los días sí que se merecen el calificativo de histórico, que tan barato se vende en los medios de comunicación. Hoy creo que sí, que es uno de esos. Uno de esos días de los que se hablará. De los que estudiarán mis hijos en sus libros de historia y de los que la generación de mi padre aún han podido vivir. Un día de emociones. Porque así era cómo escuchaba yo la radio –gracias Ángels- con emoción, casi incredulidad, de vivir lo que estaba viviendo. Un día de transistores, otro, y pantallas.
Un día que a él le hubiera gustado dar la noticia, como decían hoy todos los periodistas, que la habría comentado en su columna y que por eso he decidido esta etiqueta, puesto que compartimos tantas “aspis”.
No puedo, ni creo que alcance a saber el porqué de la decisión de E.T.A., si por el acoso policial, el debilitamiento, el cansancio de los suyos y de la sociedad vasca o porque ahora que de nuevo la izquierda abertzale está en las instituciones –desde mi punto de vista no consideraba coherente dejar sin voz a tantos miles de personas- ven que hay otra vía, que la democracia, las palabras, son el camino y no la violencia y la intransigencia. Sólo sé que hemos ganado todos, sobre todo el País Vasco, pero, también todos.
Sólo sé que la única manera que he encontrado para decirles a mis hijos la importancia de este día es que hoy había un poco más de paz q ayer.
sábado, 1 de octubre de 2011
sábado, 17 de septiembre de 2011
la vida es muy corta
que me escribió Vicente. Es el que elegí para leer el sábado pasado en la fiesta que organizamos en Alcañiz en su memoria. Era nuestra despedida, ya que no se nos permitió otra más al uso en su momento. Ahora, tres meses y medio después, casi lo agradezco. Y creo que él también, porque así es como pienso que le hubiera gustado despedirse, en su tierra amada, con los amigos, con sus hermanos y con la gente que verdaderamente le quería. En este último aspecto, y dado que lo organizamos un pelín deprisa no pudo venir toda la gente con la que nos hubiera gustado compartir este momento. Algunos ya nos dijeron que estarían con nosotros aunque fuera en la distancia. Eso también se agradece.Vicente era un mago de las palabras. Sabía manejarlas a su antojo. De la misma manera que un buen bailarín conduce a su pareja por toda la pista manejándola con un solo dedo y bailando el más maravilloso de los valses, así él sabía encontrar la palabra justa que se entrelazara con la siguiente, cada una con su significado, todas con el suyo. Nada al azar. Y si no existía la palabra perfecta, daba igual, la inventaba. Vicente era más que un gran juntador de palabras. Era un poeta.
Vicente y yo intercambiamos muchas palabras. Palabras llenas de amor, de mar, de primavera. De tierra, de verde. De horizontes violetas. Palabras llenas de esperanza, pero también de miedo. De alegría las más, pero también otras cargadas de incertidumbre. E incluso, a veces, de tristeza. Como la vida. Siempre palabras de vida.
De todos los versos que me envió en estos casi tres años, hoy quiero compartir con vosotros éste:
La vida es muy corta
como para no amar
La vida es muy corta
como para hacer daño
La vida es muy corta
como para hacerse daño
La vida es muy corta
como para odiar
La vida es muy corta
como para no acariciar
La vida es muy corta
como para no sentirse vivo
Sí, te quiero
y tampoco me cansaré
de repetirlo
Por fortuna es muy ancho el amor
escucha su oleaje
escucha su oleaje
escucha su oleaje
YA NADA ES AHORA
Largo es el arte; la vida en cambio corta
como un cuchillo
Pero nada ya ahora
-ni siquiera la muerte, por su parte
inmensa-
podrá evitarlo:
exento, libre,
como la niebla que al romper el día
los hondos valles del invierno exhalan,
creciente en un espacio sin fronteras,
ese amor ya sin ti me amará siempre.Ángel González
Gracias a todos por estar ahí.
