Cuando el cielo está gris el mundo se vuelve plano, como en un cuadro, no hay sombras y la neutralidad del fondo saca los colores más vivos, sobre todo los verdes. Si encima son los de la primavera brotando a dentelladas sobre el ocaso del invierno, se transforma en una perfecta paradoja anímica. Recuerda mucho a la ciclotimia del mes de abril, que te hacer pasar de la más profunda melancolía gris al más vivo subidón. También tiene que ver con nuestra situación, con ver la primavera como meros espectadores desde nuestros balcones.
jueves, 2 de abril de 2020
miércoles, 1 de abril de 2020
décimo octavo día del estado de alarma. la melancolía de los días de lluvia
En abril, aguas mil, dice el refrán. El mes ha empezado haciendo honor al dicho. Espero que no lo terminemos recordando la canción de Sabina (de cuando Joaquín Sabina aún tenía voz). El caso es que la lluvia siempre me ha producido cierta melancolía, y también dolor de cabeza. Pero en estos momentos, casi son de agradecer estos días desapacibles para que resulte más fácil a todo el mundo quedarse en casa, a pesar de tanto destalentado que se creen más listos que nadie y han malinterpretado esa máxima de "las reglas están para saltárselas", como el que esta mañana estaba paseando el perro por el parque cerrado. No, esta vez, las reglas están para salvarnos, para curarnos. No malentendáis la rebeldía.
martes, 31 de marzo de 2020
décimo séptimo día del estado de alarma. el valor de las palabras
Marzo se despide en invierno. Ya nos habían avisado. Tenemos más horas de luz para ver las gotas en los cristales. Hace frío, pero no importa, estamos dentro, casi nadie en la calle, solo los esenciales.
Ser esencial. No había otra palabra. Todos somos esenciales. Pero ahora es un desbocado BOE el que decide, de rato en rato, quién lo es. Y andamos todos perplejos sin saber qué hacer, como aquella canción "Un pasito pa'lante, María, un pasito pa'trás".
Cuando psicólogos de todo el mundo se afanan en explicarnos las consecuencias que tiene para nuestra mente, autoestima y ánimo una buena gestión del confinamiento, que le digan a una persona que, pongamos, vive sola en un piso interior o con poca luz, o a alguien de quien depende una familia, o a cualquiera que se le esté haciendo muy cuesta arriba estos diecisiete días y subiendo, que no es esencial, mina bastante la moral.
Todos somos esenciales, de una u otra forma, cuidemos el lenguaje. Es el patrimonio que podemos conservar ahora.
lunes, 30 de marzo de 2020
décimo sexto día del estado de alarma. moratoria.
Hoy nos han dado un día de moratoria antes de confinarnos más. Entre tanto, el tiempo meteorológico se ha aliado con el cronológico para que nos quedemos en casa. Si fuera fan de juegos de tronos diría que winter is coming...again.
Menos mal que mi tórtola favorita me sigue saludando por las mañanas.
domingo, 29 de marzo de 2020
décimo quinto día del estado de alarma. silencio
Hoy hay una luz distinta Es la luz de una hora antes. Esta noche hemos ganado una hora. Otros años lo habría visto como que me han robado una hora de sueño. Hoy también, pero además es una hora menos de de confinamiento, una hora más cerca del final.
Hoy les he dejado hablar a los pájaros. Es lo que se merece un domingo. Un día más. Un día menos.
sábado, 28 de marzo de 2020
décimo cuarto día del estado de alarma. pa'qué tanto
Podría madrugar más, sí. Los amaneceres desde mi terraza son espectaculares, pero, pa'qué tanto. Voy cumpliendo mis obligaciones de trabajo, pero este exceso de tiempo genera una cierta indolencia, y languidez que rebaja tus niveles de adrenalina a mínimos. Como la endorfina, serotonina, dopamina u oxitocina, las hormonas de la felicidad. Me siento como anestesiada, como en un baile raro e interminable en el que lo único que puedes hacer es dejarte llevar.
Creo que ha llegado la primavera.
viernes, 27 de marzo de 2020
décimo tercer día del estado de alarma. un día menos
Un día menos, quiero pensarlo así. También un día más. Hace dos semanas que volví de Francia vía Madrid. No negaré que he pasado algo de miedo. Pasé miedo ya durante el viaje por ir a la "zona 0" pasé miedo de no poder llegar a mi casa, que cerrarán Madrid y me quedará sin poder regresar. Se hablaba de todo. Madrid estaba desierta, el avión de vuelta de Nantes, medio vacío, igual que las estaciones de cercanías, incluidas Nuevos Ministerios y Atocha. Cuando, por fin, subí al AVE, íbamos cuatro, contados, en el vagón, y eso que me tuve que sacar turista plus porque estaban todas las plazas ocupadas...
Hoy respiro un poco mejor, por lo menos en aquel viaje no me contagié de nada. Un día menos.
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